¿Cómo acercarse a la obra de Jorge Luis Borges sin caer en la obligación académica o el peso de la crítica literaria? Esa es la pregunta que se plantea una nueva perspectiva sobre el autor, sugiriendo un retorno al simple placer de la lectura. La propuesta invita a dejar de lado tesis, congresos y las interpretaciones de grandes pensadores como Sarlo o Piglia, para simplemente abrir un libro de Borges y leer.
Sin embargo, la complejidad reside en que el propio Borges construyó gran parte de su obra con los cimientos de la crítica. Relatos como “Pierre Menard, autor del Quijote” o “El acercamiento a Almotásim” son, en esencia, ejercicios de crítica o reseñas de obras inexistentes. La clave, entonces, no es eliminar el análisis –que ya está en el ADN de sus textos– sino quitar la obligación. La diferencia entre leer y estudiar, según esta visión, no radica en la inteligencia, sino en quién impone las reglas: el programa de estudio o el gusto personal, que Borges consideraba un guía mucho más sabio.
El propio Borges, en sus últimos veinte años de vida, fue un ferviente defensor de esta lectura sin ataduras. Con la insistencia de un “viejo cascarrabias”, predicaba que no había que leer lo que aburre y que el deber era incompatible con la felicidad de la lectura. Su “Biblioteca Personal”, una colección de clásicos encargada por una editorial, reflejó este criterio antiacadémico al incluir desde Voltaire hasta autores menos conocidos, priorizando siempre la fidelidad al propio placer por encima del canon.
Para quien se pregunte por dónde empezar, la respuesta es simple: da igual. La mayoría de sus cuentos son breves, ideales para leer en un viaje corto o incluso de pie en una librería. Historias como “El Sur”, “La casa de Asterión” o “El Aleph” ofrecen mundos fascinantes que pueden disfrutarse de forma inmediata, permitiendo al lector sumergirse en la prosa y la imaginación del maestro sin la presión de un examen o una interpretación preestablecida. Es una invitación a reencontrarse con Borges desde el goce puro de sus palabras.
Fuente original: Infobae


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