La economía argentina presenta un panorama dual en sus regiones productivas. Mientras algunos sectores, impulsados por las exportaciones, experimentan un crecimiento sostenido y alcanzan récords históricos, otros se debaten en una profunda crisis, ahogados por el incremento constante de costos y la imposibilidad de mejorar sus precios. Este contraste refleja cómo cada actividad y cada zona del país lograron, o no, adaptarse a las nuevas condiciones de inversión, comercio exterior y el complejo escenario macroeconómico actual.
Expertos como Gerardo Alonso Schwarz, economista jefe del Ieral de Fundación Mediterránea, destacan que la agroindustria, la forestoindustria, los servicios basados en el conocimiento y las energías renovables son los motores de estas oportunidades. Estos sectores no solo muestran un dinamismo exportador considerable, sino que también tienen una gran capacidad para generar empleo directo y calificado, aunque su impacto no se distribuye de manera uniforme en todo el territorio nacional, dependiendo de las capacidades industriales preexistentes en cada provincia.
Por su parte, José Vargas, economista de Evaluecon, identifica áreas de alto potencial para el resto del año, incluyendo la minería de litio, cobre y oro, el complejo energético de Vaca Muerta, la producción de petróleo y gas, la agroindustria exportadora, la vitivinicultura orientada a mercados internacionales y algunas economías del NOA y NEA con fuerte inserción global. La economía del conocimiento también figura entre las grandes promesas.
Sin embargo, la otra cara de la moneda la sufren los sectores que dependen casi exclusivamente del consumo interno, como la construcción privada, el comercio minorista y gran parte de la industria manufacturera y las pymes. Estos enfrentan un escenario desafiante debido a la lenta recuperación del salario real y del consumo, sumado a un elevado costo financiero, la presión impositiva, altos costos logísticos y un tipo de cambio que reduce su competitividad.
El «Semáforo de Economías Regionales» de Coninagro de mayo pasado ilustra esta situación: actividades como la yerba mate, el arroz, el vino, las hortalizas, el algodón, el maní, la leche y la mandioca se encuentran en «rojo» por problemas de rentabilidad. En contraste, los bovinos, ovinos, granos y la miel están en «verde», con precios que superan la inflación. El sector forestal, tabaco, cítricos dulces, peras y manzanas, aves, porcinos y la papa se ubican en «amarillo», sin un deterioro tan marcado pero sin lograr acompañar la suba de precios.
A pesar de los desafíos internos, las exportaciones de las economías regionales muestran una tendencia positiva. Entre enero y mayo de 2026 (según los datos del informe original), se exportaron 4.032 millones de dólares, el valor más alto en 22 años para ese período, con un volumen récord desde 2013. El acuerdo Mercosur-Unión Europea, vigente desde mayo de 2026, representa una oportunidad estratégica para ampliar el acceso a un mercado de más de 440 millones de consumidores, aunque exigirá mayores estándares de calidad y sustentabilidad.
Finalmente, Schwarz subraya que, más allá de la coyuntura, el verdadero reto es eliminar los obstáculos que encarecen artificialmente la producción. Entre ellos, menciona el Impuesto a los Ingresos Brutos, la falta de inversión en infraestructura vial y ferroviaria, y la superposición de permisos. Superar estas barreras será clave para que regiones como la Patagonia puedan desarrollar plenamente su potencial en la industria petroquímica a partir del gas de Vaca Muerta.
Fuente original: Infobae

