El gol que Julián Álvarez marcó contra Suiza en los cuartos de final del Mundial fue mucho más que un simple tanto; fue una hazaña que desafió las probabilidades estadísticas. Según los análisis de Goles Esperados (xG), la jugada tenía apenas un 3% de chance de terminar en la red. Sin embargo, la maestría del delantero cordobés elevó esa cifra a un impresionante 53%, demostrando la calidad y precisión de su definición.
El momento fue crucial: minuto 111 del alargue en el Estadio Kansas City, con el marcador 1-1 y Argentina con un hombre de más, pero sin poder quebrar la defensa suiza. Fue entonces cuando José Manuel López le entregó el balón a la «Araña» en el borde izquierdo del área. Álvarez, con un sutil enganche hacia el centro, sacó un derechazo impecable que se coló en el ángulo, un gol que multiplicó por 17 las posibilidades estadísticas de la jugada y selló el pase de la Albiceleste a las semifinales.
La métrica de Goles Esperados (xG) mide la probabilidad de que un remate termine en gol, considerando factores como la posición en la cancha, el ángulo de tiro y la presencia de defensores. En el caso de Álvarez, el xG inicial era de 0.03 (3%). Pero al incorporar variables de ejecución, como la dirección del disparo y la técnica aplicada, la probabilidad escaló a 0.53 (53%). Esta enorme diferencia de 50 puntos porcentuales subraya la extrema dificultad de la zona elegida y la asombrosa precisión con la que el delantero ejecutó su remate.
El propio Julián describió la jugada al finalizar el encuentro, destacando su decisión de pegarle al ver el espacio y el «golazo» que resultó. Este gol no fue un hecho aislado en su carrera; la similitud con un tanto anotado en la UEFA Champions League con el Atlético de Madrid, donde también enganchó y colocó el balón al palo largo, evidencia que esta maniobra es una marca registrada de su repertorio y no una improvisación.
El contexto del partido añade aún más peso a la importancia del gol. Argentina había abierto el marcador con Alexis Mac Allister, pero Suiza igualó, y aunque la Albiceleste jugaba con superioridad numérica tras una expulsión, no lograba concretar. La emoción de Lionel Scaloni tras el gol de Álvarez fue palpable, y minutos después, Lautaro Martínez sentenció el 3-1 definitivo. Este gol no solo fue un prodigio estadístico, sino también un desahogo colectivo y un paso fundamental en el camino de la Selección hacia lo más alto.
Fuente original: Infobae



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