Una nueva y controvertida cirugía estética, conocida popularmente como “ojos de muñeca”, está atrayendo a personas de todo el mundo a París con la promesa de transformar el color de sus iris de forma permanente. La técnica, desarrollada por el oftalmólogo francés Francis Ferrari, ha ganado una enorme visibilidad gracias a las redes sociales, donde abundan testimonios de pacientes que buscan una mirada diferente, pasando de tonos oscuros a claros.
El procedimiento, científicamente llamado Queratopigmentación Anular Asistida por Láser de Femtosegundo (FLAAK), implica la inyección de pigmentos minerales en la córnea. Según explica el propio Ferrari, la intención no es cambiar el color del iris en sí, sino ocultarlo tiñendo el espacio delante de la córnea. La intervención se realiza con anestesia local, dura menos de una hora y tiene un costo aproximado de 7000 euros, atrayendo a más de 2500 pacientes de diversas nacionalidades a su clínica en la capital francesa.
Sin embargo, la creciente popularidad de esta técnica ha encendido las alarmas en la comunidad oftalmológica internacional. Organizaciones como la Academia Estadounidense de Oftalmología han emitido fuertes advertencias, citando riesgos graves que incluyen infecciones, cicatrices en la córnea, problemas severos de visión e incluso la posibilidad de ceguera. Es crucial destacar que el procedimiento no cuenta con la aprobación de autoridades sanitarias clave como la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA), y persisten dudas significativas sobre los efectos a largo plazo de los pigmentos utilizados.
Especialistas como la oftalmóloga Amita Vadada expresaron su preocupación por la falta de datos a largo plazo y la sensibilidad del ojo como órgano inmunológico, advirtiendo que incluso una inflamación leve puede derivar en cicatrices permanentes, sensibilidad a la luz y dolor. A pesar de estas advertencias, Ferrari defiende su método, asegurando que es más seguro que otras cirugías oculares y que el implante de iris. No obstante, el debate ético y médico se intensifica a medida que más clínicas replican la técnica y la demanda sigue en ascenso, sin una regulación internacional clara que garantice la seguridad de los pacientes.
Fuente original: Infobae




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