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60.000 árboles por año: el plan que podría cambiarle la cara a Santiago del Estero
Una ordenanza municipal convierte el arbolado urbano en política de Estado y plantea una transformación ambiental a largo plazo para la capital santiagueña.
Imaginá caminar por cualquier barrio de Santiago del Estero y encontrar, en cada cuadra, árboles que den sombra, purifiquen el aire y bajen la temperatura. Ese es, en esencia, el objetivo detrás de la Ordenanza N° 6026/22, aprobada por el Concejo Deliberante de la ciudad: plantar no menos de 60.000 ejemplares arbóreos por año dentro del ejido urbano, de manera sostenida y planificada.
No se trata de una campaña puntual ni de un anuncio sin respaldo. Es una obligación legal, con nombre y número, que convierte al arbolado urbano en una verdadera política de Estado.
¿Por qué importa tanto?
Santiago del Estero es una de las ciudades más calurosas del país. Las altas temperaturas, combinadas con la falta de sombra en muchos barrios, hacen que caminar por las veredas en verano sea, en algunos sectores, casi una odisea. En ese contexto, cada árbol que se planta no es solo un elemento decorativo: es infraestructura urbana.
Los beneficios son concretos y medibles. Los árboles regulan la temperatura ambiente, producen oxígeno, filtran contaminantes del aire, reducen el ruido del tránsito, protegen el suelo de la erosión y ayudan a absorber el agua de lluvia, reduciendo el riesgo de inundaciones. En zonas residenciales, su presencia también está asociada a una mejora en la salud mental y en la percepción de bienestar de los vecinos.

Un plan pensado a largo plazo
Lo que distingue a esta ordenanza de otras iniciativas similares es su enfoque estratégico. La norma no solo fija una cantidad mínima anual, sino que establece que la selección de las especies debe realizarse de forma racional, priorizando aquellas que mejor se adapten al ecosistema local y que contribuyan a preservar la biodiversidad de la región.
Además, cada árbol plantado deberá llevar cartelería informativa con datos sobre la especie y sus funciones en el ambiente urbano, convirtiendo cada plantación en una oportunidad de educación ambiental para los vecinos.
La medida se integra, a su vez, en un marco más amplio: la adhesión municipal a la Ley Provincial de Emergencia Climática, vigente hasta 2030, y a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) impulsados por Naciones Unidas.
El desafío por delante
60.000 árboles al año equivalen a más de 160 plantaciones diarias. Cumplir ese número de forma consistente, con seguimiento, mantenimiento y criterio técnico, es el verdadero desafío que la ordenanza le impone al municipio. Porque plantar es solo el primer paso: garantizar que esos árboles sobrevivan, crezcan y lleguen a dar sombra real es lo que, con el tiempo, puede cambiarle genuinamente la cara a la ciudad.
La semilla está sembrada, en sentido literal y figurado. Ahora resta ver si el plan se sostiene año tras año hasta transformar Santiago del Estero en la ciudad verde que, con este clima, más lo necesita.


