Con la inminente vuelta a las aulas, las familias argentinas se preparan para equipar a los más chicos con todo lo necesario. Sin embargo, en la vorágine de comprar útiles y uniformes, una tarea fundamental suele quedar en el olvido: la limpieza profunda de las mochilas escolares.

Expertos en el cuidado de estos accesorios subrayan la importancia de no subestimar la suciedad que pueden acumular. Durante el ciclo lectivo, las mochilas están expuestas a innumerables superficies, guardan restos de comida, absorben sudor y pueden convertirse en un caldo de cultivo para polvo y malos olores. Antes de volver a llenarlas con libros y carpetas, es crucial dedicarles un tiempo para sanearlas y prolongar su vida útil.

La clave, según especialistas como la marca Totto, es evitar a toda costa el lavado en lavarropas. Aunque parezca la opción más rápida, la fuerza del centrifugado y los detergentes agresivos pueden dañar irreversiblemente los tejidos, las costuras y las cremalleras. La recomendación unánime es optar por una limpieza manual cuidadosa.

El proceso es sencillo pero requiere atención. Primero, hay que vaciar completamente la mochila, revisar cada bolsillo en busca de objetos olvidados y sacudirla para eliminar migas o residuos sueltos. Luego, con un paño suave humedecido con agua tibia y jabón neutro, se debe frotar suavemente tanto el interior como el exterior, prestando especial atención a las manchas. Una vez limpia, se retira cualquier resto de jabón con otro paño húmedo y se deja secar al aire libre, en un lugar ventilado y sin exposición directa al sol, para evitar el deterioro de los materiales. Este ritual debería repetirse, al menos, una vez al mes.

Más allá de la limpieza periódica, adoptar ciertos hábitos puede marcar la diferencia. Es fundamental evitar sobrecargar la mochila con objetos innecesarios, ya que el exceso de peso desgasta cremalleras y asas. Distribuir el peso de los útiles de manera equilibrada y no dejar la mochila en el suelo, especialmente en superficies húmedas, también contribuye a su conservación. Finalmente, revisar con frecuencia costuras y cierres permite detectar y reparar pequeños desperfectos a tiempo, evitando la necesidad de reemplazarla por completo.

Fuente original: Infobae