Desde hace tiempo se intuía que los chicos que crecen en casas con perros solían enfermarse menos durante su primer año de vida, presentando menos episodios de fiebre, menos infecciones respiratorias y requiriendo menos antibióticos. Aunque esta tendencia ya se había documentado, el porqué era un misterio. Ahora, una investigación finlandesa publicada en la revista Pediatric Allergy and Immunology arroja luz sobre el tema: ciertos microorganismos presentes en el polvo de los hogares con canes estarían ligados a una mejor salud respiratoria en los más pequeños.

El estudio, encabezado por Jenni M. Mäki del Instituto Finlandés de Salud y Bienestar, siguió de cerca a 368 niños desde el embarazo hasta que cumplieron su primer año. Los padres registraron semanalmente datos cruciales sobre la salud de sus bebés, incluyendo fiebre, otitis, uso de antibióticos y el contacto con perros. Para complementar, cuando los bebés tenían dos meses, los científicos recolectaron muestras de polvo del suelo de cada vivienda para analizar el ADN microbiano.

Los resultados fueron reveladores: de los grupos microbianos más comunes en casas con perros, ocho explicaron entre el 10% y el 23% del efecto protector. La bacteria Pasteurella, que vive en perros y gatos pero no en humanos, se asoció con menos semanas de fiebre en los bebés. Su presencia en el polvo doméstico parecía ser un intermediario clave. Además, otra bacteria llamada Collinsella, se mostró consistentemente ligada a más semanas saludables, menos uso de antibióticos y menos otitis, explicando junto a otros dos géneros cerca del 25% de la reducción en el uso de antibióticos.

Es importante destacar que los beneficios no radican en la cantidad total de microbios o la diversidad general del polvo, sino en la presencia de géneros específicos asociados a las mascotas. Si bien los investigadores advierten que se trata de un estudio observacional —es decir, que registra patrones pero no establece una causa directa—, los hallazgos sugieren una conexión clara. El equipo enfatiza la necesidad de más investigaciones para confirmar estos resultados y establecer relaciones causales, pero la evidencia inicial es prometedora para la salud de nuestros niños.

Fuente original: Infobae