La quinta y última temporada de The Boys avanza con paso desigual. Este bloque de tres episodios —el cuarto, el quinto y el sexto— deja sensaciones encontradas: hay destellos de lo que convirtió a la serie en un fenómeno, pero también se cargan las consecuencias de una cuarta entrega que no estuvo a la altura de las expectativas.
Lo más rescatable de estos capítulos es que recuperan cierta dinámica grupal. El equipo protagonista vuelve a funcionar como tal, trazando un plan conjunto para enfrentar a Homelander y a los superhéroes que ya controlan la ciudad. Ese espíritu de misión compartida, que tanto extrañábamos, le devuelve al relato algo del sabor de sus mejores temporadas. En paralelo, Homelander persigue la inmortalidad, lo que lo posiciona como un antagonista más difícil de derribar que nunca.
Sin embargo, el principal obstáculo de este trío de episodios es la falta de estructura narrativa. Los tres capítulos son radicalmente distintos entre sí, acumulan demasiadas tramas al mismo tiempo, presentan enfrentamientos sin contexto y resuelven situaciones de manera abrupta. Todo lo que quedó sin desarrollo en la temporada anterior pasa factura aquí, generando la incómoda sensación de que muchas cosas suceden simplemente porque sí, sin una lógica clara que las sostenga.
Uno de los personajes más perjudicados por estas decisiones es Black Noir. Su vínculo con The Deep aparece y se resuelve sin demasiado sustento, y su presencia en la trama sigue sin justificarse del todo después de su anterior desaparición. The Deep, por su parte, repite el mismo problema de temporadas anteriores: un personaje que da vueltas en círculos, sin motivación sólida ni lugar claro dentro de la historia, con muy poco tiempo restante para que eso cambie.
La reiteración de chistes y situaciones incómodas también pesa. La serie lleva varias temporadas apuntando a la misma diana —las redes sociales, TikTok, la cultura digital— con tal insistencia que el gag pierde fuerza y termina siendo parte de aquello que pretende criticar. Priorizar el humor por sobre la coherencia narrativa es una apuesta arriesgada, y en varios tramos de estos episodios esa decisión se nota demasiado.
Con todo, el sexto episodio ofrece un giro alentador: las piezas comienzan a acomodarse y la historia empieza a encaminarse hacia un cierre. Lo más interesante es que los guionistas lograron construir un final que se aleja considerablemente del material original en cómics, dejando todo abierto a la sorpresa. Nadie puede predecir con certeza cómo terminará esto, y esa incertidumbre es, en sí misma, un mérito.
Esta última temporada refleja las cicatrices de una producción golpeada por la huelga de guionistas de hace algunos años. La cancelación de Gen V y el flojo desempeño de su segunda temporada son señales del mismo problema. The Boys no está siendo lo que fue, pero todavía tiene la capacidad de sorprender.
Restan dos episodios para que la serie baje el telón definitivamente. La expectativa existe, alimentada más por el legado de lo que fue que por el presente inmediato, aunque también porque la narrativa sigue siendo impredecible. En las próximas semanas sabremos si ese cierre estará a la altura de una historia que, en sus mejores momentos, redefinió el género de superhéroes en la televisión.
Fuente original: Infobae

