La inseguridad en Bogotá vuelve a estar en el centro del debate. Esta vez, el testimonio que encendió las alarmas en las redes fue el de Catalina Álvarez, una joven que el pasado 13 de mayo de 2026 vivió uno de los momentos más aterradores de su vida a pocos metros de su propio domicilio, en inmediaciones del centro comercial Unicentro, al norte de la capital colombiana.
Todo ocurrió pasadas las nueve de la noche, cuando Catalina volvía caminando a su casa. En un momento dado, notó que dos hombres en moto la seguían de cerca. No era la primera vez que le robaban en ese tipo de circunstancias, así que las alarmas internas no tardaron en encenderse. Uno de los sujetos se bajó de la motocicleta y se acercó a ella con actitud disimulada, fingiendo hablar por teléfono y vestido completamente de negro, con casco y mochila. El otro esperó a bordo de otra moto, estacionado justo al lado.
El hombre intentó iniciar una conversación bajo el pretexto de pedirle una dirección, pero la situación escaló rápidamente. En un tono intimidante, le advirtió que no gritara ni intentara escapar, amenazándola con dispararle. Acto seguido, le exigió que le entregara el teléfono celular.
Fue ahí donde entró en juego un detalle que, sin saberlo, Catalina había tenido a su favor desde el inicio: su celular estaba descargado y lo había dejado en su casa. Se lo dijo a los delincuentes, pero ellos no le creyeron. Sin más opciones, la joven sacó sus bolsillos del revés para demostrar que no mentía. Ante la evidencia, uno de los hombres le indicó que se retirara sin armar escándalo, y ambos huyeron en moto.
En cuanto llegó a su edificio, Catalina le contó lo sucedido al portero y, ya más calmada, decidió grabar un video en TikTok para alertar a otros ciudadanos. «Llegué con el corazón en la mano», confesó visiblemente conmocionada, y agregó que no sabía qué habría pasado si hubiera tenido el teléfono encima.
El video se volvió viral en cuestión de horas y generó miles de reacciones. Muchos usuarios compartieron experiencias similares, mientras que otros expresaron su hartazgo ante la situación de inseguridad que atraviesa la ciudad. «Caminar de noche en Bogotá ya es un deporte de alto riesgo», escribió un internauta. Incluso hubo jóvenes de otras regiones que manifestaron sus dudas sobre mudarse a la capital para estudiar, tras ver el relato de Catalina.
El caso se transformó en un nuevo símbolo del miedo cotidiano que enfrentan los habitantes de Bogotá y reavivó el reclamo ciudadano por mayores garantías de seguridad en las calles de la ciudad.
Fuente original: Infobae

