La reconocida psicóloga y escritora chilena Pilar Sordo visitó Argentina para participar del ciclo “Conversaciones de LA NACION”, donde compartió las conclusiones de sus extensas investigaciones sobre la estabilidad emocional y el lenguaje. La especialista destacó la capacidad de la identidad para adaptarse a los desafíos cotidianos, enfocándose en la importancia fundamental de cómo nos comunicamos con nosotros mismos.

Tras ocho años de investigación, Sordo afirmó que la unidad más básica de la salud mental reside en el diálogo interno. Según sus hallazgos, la manera en que nos dirigimos a nosotros mismos es determinante para nuestro amor propio, nuestra percepción del mundo y nuestra capacidad de resiliencia frente a la incertidumbre. Por ello, la psicóloga recomienda prestar especial atención a nuestra narrativa personal para fortalecer la autoestima y mejorar la calidad de nuestras interacciones.

La experta también subrayó la naturaleza dinámica de la personalidad, indicando que el carácter no es estático y evoluciona constantemente en función de las prioridades y experiencias. “Cambiamos todo el tiempo”, enfatizó, explicando que sería un retroceso no permitir que las vivencias nos transformen. Para Sordo, el desarrollo personal exitoso requiere aceptar nuestra vulnerabilidad y la capacidad de integrar los cambios externos con nuestra realidad interna.

Además, Pilar Sordo expresó su preocupación por la degradación del lenguaje en la actualidad, atribuyéndola al uso excesivo de la tecnología y los recursos visuales. Citando al psiquiatra José Luis Marín, advirtió que “nos enfermamos por falta de vocabulario”, ya que la escasez de términos impide la correcta expresión de sentimientos complejos, generando frustración. Para la psicóloga, una conversación genuina debe implicar una disposición a transformarse con lo que el otro dice.

Finalmente, Sordo abordó el concepto de que “crecer duele” y criticó la tendencia contemporánea a evitar cualquier situación incómoda. Sugirió una actitud de apertura ante las crisis y recomendó ser “dócil” frente al dolor. Concluyó que mientras más nos resistimos al sufrimiento, más persiste y menos aprendizajes nos deja, destacando la docilidad como un elemento clave en el proceso de crecimiento humano.

Fuente original: La Nación