El reciente encuentro deportivo entre las selecciones de Argentina y Cabo Verde sacó a la luz una fascinante conexión histórica y de fe que une a nuestra provincia, Santiago del Estero, con el país africano desde hace casi cuatro siglos. Mucho antes de que el fútbol los uniera, un episodio del siglo XVII sentó las bases de una relación espiritual profunda, protagonizada por dos imágenes marianas y un hombre de origen caboverdiano.
La historia se remonta a cuando un hacendado santiagueño encargó desde Brasil dos figuras de la Virgen María. Estas emprendieron un largo y arduo viaje en carreta desde el puerto de Buenos Aires, con destino final a las tierras del Tucumán. Sin embargo, el destino de una de ellas cambiaría drásticamente en el camino, marcando el inicio de una de las devociones más arraigadas de nuestro país.
Al llegar a un paraje cercano al río Luján, una de las carretas quedó inexplicablemente inmóvil, sin que fuerza humana o animal pudiera moverla. Interpretando esto como una señal divina, los viajeros descargaron una de las cajas con la imagen, y la carreta volvió a moverse sin problemas. Así, la Virgen decidió quedarse en ese lugar, dando origen a la veneración de la Virgen de Luján, patrona de Argentina. Un personaje clave en esta historia fue Manuel, conocido como el «Negrito Manuel», un esclavo originario de Cabo Verde que formaba parte de la caravana. Él dedicó más de cuarenta años a custodiar la imagen y promover su culto, convirtiéndose en el primer guardián de la «Madre Morena» y forjando un lazo eterno entre su tierra natal y la fe argentina.
Mientras tanto, la otra imagen mariana sí continuó su rumbo hacia Santiago del Estero. Pero al llegar a la localidad de Sumampa, la tradición cuenta que la mula que la transportaba se desbocó o se dirigió de forma repentina y directa al lugar donde finalmente quedó la imagen. Este suceso también fue visto como una manifestación de la voluntad de la Virgen de establecerse allí, dando lugar a la profunda devoción por la Virgen de la Consolación de Sumampa, patrona de nuestro pueblo santiagueño y una de las advocaciones marianas más antiguas del país.
De esta manera, lo que hoy podría parecer una casualidad deportiva entre Argentina y Cabo Verde, en realidad esconde una conexión histórica y espiritual que se forjó hace casi 400 años en el corazón de nuestra provincia, dejando un legado de fe que perdura hasta nuestros días y une a dos culturas aparentemente distantes.
Fuente original: El Liberal

