El automovilismo argentino tiene una nueva estrella en ascenso: Nicolás Varrone. Después de seis años alejado de los monoplazas, el piloto de Ingeniero Maschwitz regresó a las pistas de Fórmula 2 y está causando sensación. Contra todo pronóstico, Varrone no solo se adaptó rápidamente, sino que ya lideró una carrera en su debut, estuvo cerca del podio y sumó puntos valiosos, demostrando una habilidad excepcional que sorprendió a propios y extraños.
La trayectoria de Varrone es un testimonio de resiliencia y talento. Tras coronarse campeón en la Fórmula V de V Challenge en Francia y ganar en la Fórmula 3 Británica, su carrera en monoplazas se vio interrumpida por la pandemia y la falta de presupuesto. Sin embargo, encontró un nuevo camino en las carreras de resistencia, donde cosechó éxitos rotundos: fue campeón mundial de Endurance en 2023 y ganó dos veces las 24 Horas de Le Mans en su categoría. Estos logros lo pusieron nuevamente en la órbita de la Fórmula 1, debutando este año en su antesala directa, la Fórmula 2.
En su actual desafío en la Fórmula 2, Varrone ha enfrentado un duro proceso de adaptación, destacando la complejidad de encontrar la puesta a punto ideal del coche y entender la degradación de los neumáticos. A pesar de algunos desafíos con el rendimiento del auto en circuitos como Mónaco y Barcelona, y varias sanciones que generaron controversia, el argentino logró un meritorio cuarto puesto en Miami y un sexto en Canadá. Se prepara ahora para las próximas fechas en Austria y Hungría, circuitos que no conoce, pero mantiene la esperanza de brillar en escenarios más familiares como Silverstone y Spa-Francorchamps.
Actualmente en el puesto 14 del campeonato, Varrone no solo compite en la Fórmula 2, sino que también participa en competencias emblemáticas de IMSA con un Corvette. Su objetivo final es claro: unirse al equipo de pilotos de Cadillac en la Fórmula 1, que forma parte de General Motors. Con una confianza inquebrantable, Varrone afirma sentirse «en condiciones para subirse a un F1», una ambición que comparte con muchos de sus colegas en la categoría. Su camino, marcado por el sacrificio y el talento, lo posiciona como una de las grandes esperanzas argentinas en el automovilismo mundial, llevando con orgullo la camiseta de la selección con el número 22, el mismo que luce en su Dallara de F2.
Fuente original: Infobae

