¿Quién no se sintió alguna vez atrapado en una discusión que se fue de las manos? Esas charlas que, sin querer, se convierten en una verdadera batalla, especialmente con aquellas personas que más queremos. Parece un ciclo interminable del que es difícil salir.
La psicóloga humanista Andrea Guijarro propone un cambio de paradigma para estos conflictos cotidianos. Según ella, la raíz del problema está en que «nadie nos enseñó a hablar desde el amor, pero sí a defendernos, a tener razón, a hablar desde el miedo y no desde la verdad». Este enfoque defensivo es lo que impide una comunicación genuina y empática.
Guijarro explica que las discusiones se inician desde el lugar donde se pronuncian las palabras: el tono, la intención y las heridas emocionales que arrastramos. Cuando una persona habla desde el dolor o el reproche, el otro automáticamente se pone a la defensiva, se cierra y se protege. En cambio, si nos animamos a hablar desde el sentir, desde la vulnerabilidad y sin atacar, el otro puede escucharnos de verdad, abriendo su corazón en lugar de solo sus oídos.
Para ilustrarlo, la especialista ofrece un ejemplo muy claro: no es lo mismo decir «vos nunca me hacés caso» que expresar «me siento ignorada cuando no me mirás al hablar». Aunque el trasfondo sea similar, la forma de comunicar lo cambia todo. «Si querés transformar las discusiones en conversaciones, dejá de buscar culpables y empezá a compartir tu experiencia», aconseja Guijarro.
Este camino no es fácil, requiere valentía. A veces, mostrar lo que sentimos duele más que soltar un grito, y decir «me dolió» puede generar más miedo que levantar la voz. Sin embargo, es precisamente en esa vulnerabilidad donde reside la posibilidad real de cambio y de construir vínculos más sanos.
La psicóloga insiste: «En vez de exigir, compartí lo que sentís. En vez de atacar, pedí desde la vulnerabilidad». Su mensaje trasciende el mero acto de callarse o complacer al otro; se trata de aprender a transitar el conflicto sin perderse en él, de entender que no siempre es necesario tener la razón para encontrar la verdad. La meta no es ganar una discusión, sino encontrarse en medio de ella y construir un puente de entendimiento.
Fuente original: Clarín



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