La inteligencia artificial está redefiniendo el mercado laboral, exigiendo a los trabajadores adaptarse o enfrentar el desplazamiento tecnológico. Juan Pablo Chiesa, abogado laboralista, destaca que la mayor amenaza no es la tecnología en sí, sino la falta de preparación de los empleados para enfrentar cambios estructurales.
Según Chiesa, el empleado administrativo que no aprende a usar herramientas de automatización corre el riesgo de quedar fuera del mercado. Un informe de una banca de inversión global confirma que los trabajadores afectados por la tecnología enfrentan consecuencias económicas prolongadas, con impactos en ingresos, vivienda y planes familiares.
La virtud de la justicia, en este contexto, implica que el Estado, los sindicatos y las empresas deben actuar con responsabilidad, legislando y negociando reconversión laboral, no solo salarios. Sin embargo, el trabajador también debe asumir su parte, reconociendo que la adaptación es una responsabilidad individual.
La historia del trabajo muestra que cada avance tecnológico, como la imprenta, ha generado nuevas oportunidades. La IA no es una excepción, pero exige que los empleados se capaciten en habilidades que complementen la automatización, no se limiten a tareas obsoletas.
La verdadera transformación no reside en la tecnología, sino en la actitud de quienes la enfrentan. La templanza, como virtud cardinal, guía a los trabajadores para equilibrar el miedo ante el cambio con la necesidad de avanzar. Adaptarse no es una opción, es una obligación para no quedar atrás en una era de aceleración constante.

