Garbarino atraviesa su etapa final tras la quiebra decretada por el Juzgado Comercial Nº7, a cargo de Fernando D’Alessandro. La cadena ha cerrado sus últimas sucursales y dejó de operar su tienda online, iniciando una liquidación total de bienes mientras intenta resolver su situación financiera y legal.
El proceso judicial incluye el cierre definitivo de locales, la venta del stock remanente y la administración de activos para saldar deudas con bancos, proveedores y empleados. Los acreedores tienen hasta el 24 de junio para presentar reclamos ante el sindicato determinado por el juez.
El stock remanente se comercializa de forma limitada en tres puntos físicos en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires: la sede central en Uruguay 552, la sucursal de Avenida Cabildo 2025 en Belgrano y el local de Potosí 4138 en Almagro. Estos espacios operan como centros de liquidación y atención de consultas, con horarios variables y limitada disponibilidad de productos.
El inventario disponible incluye electrodomésticos de línea blanca, pequeños electrodomésticos, televisores y productos de tecnología. La oferta depende del inventario en cada local, sin reposición de mercadería, y algunos artículos pueden presentar detalles de exhibición o embalajes incompletos.
Los clientes con reclamos por productos defectuosos deben dirigirse a las sucursales habilitadas, donde las reparaciones, cambios o devoluciones dependen de la resolución del sindicato. La situación refleja el colapso de una marca histórica y plantea preguntas sobre el futuro del comercio tradicional en un contexto de transformación digital acelerada.

