El mundo de la música lamenta la partida de Delfín Amaya, uno de los pilares del icónico dúo de rumba catalana «Los Amaya». El reconocido cantante y guitarrista falleció en Barcelona a los 74 años, dejando un legado imborrable de alegría y ritmo que marcó a varias generaciones.
Delfín, junto a su hermano José, fue la fuerza detrás de éxitos que se bailaron en toda España y resonaron en otros rincones del mundo durante las décadas del 70 y 80. Canciones como «Caramelos», «Vete», «Qué mala suerte la mía!» y «Amor, amor» se convirtieron en himnos de la rumba, un género que ellos ayudaron a popularizar y definir.
Los restos del artista fueron despedidos el pasado domingo en el Tanatorio Sancho de Ávila, ubicado en el barrio del Poblenou de la Ciudad Condal, en una íntima ceremonia rodeado de familiares y amigos que recordaron su talento y carisma. La familia Amaya, con profundas raíces en la comunidad gitana y emparentada con la legendaria bailaora Carmen Amaya, fue fundamental en la creación y expansión de la rumba catalana, una fusión vibrante de flamenco, pop y ritmos latinos.
Nacido en Oviedo en 1952, Delfín Amaya demostró su pasión por la música desde joven. A finales de los años 60, fundó Los Amaya junto a su hermano, lanzando su primer material discográfico en 1969. Sin embargo, fue en 1971 cuando alcanzaron la fama masiva con el hit «Caramelos». Su carrera tomó un nuevo impulso en 1978 al firmar con RCA y trabajar con el productor Tony Ronald, lo que los llevó a grabar temas que se volvieron clásicos.
Uno de los momentos cumbres de su trayectoria fue su participación en la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992, donde compartieron escenario con otras figuras de la rumba como Peret y Los Manolos. Esta colaboración dio origen al álbum «Rumbas de clausura». El último disco del dúo, «Vuelven… Los Amaya», una recopilación de sus mayores éxitos, fue lanzado en 2013, reafirmando su vigencia y el cariño de su público.
Fuente original: Infobae
