La industria cárnica argentina se prepara para cerrar el año 2026 con cifras históricas en sus exportaciones, proyectando superar los 3.000 millones de dólares. Este hito se logrará a pesar de un menor volumen de kilos vendidos en comparación con años anteriores, gracias a precios internacionales sin precedentes en la última década. Sin embargo, este éxito exportador trae consigo un cambio significativo en el consumo local: la creciente necesidad de importar carne, principalmente de Brasil, para abastecer la demanda interna.
Esta nueva dinámica fue anticipada por Andrés Costamagna, director de la Sociedad Rural Argentina y consultor ganadero, quien analizó el mercado bovino para la segunda mitad del año. Los datos del primer semestre de 2026, recopilados por el IPCVA a partir de cifras del INDEC, confirman esta tendencia: entre enero y junio se exportaron 280.140 toneladas de carne bovina, generando 2.260 millones de dólares. Solo en junio, los envíos sumaron 54.294 toneladas, aportando 427,8 millones de dólares, un 40,4% más que el mismo mes del año anterior, con un precio promedio de 7.879 dólares por tonelada.
Un factor clave en este crecimiento es el impresionante aumento de las exportaciones hacia Estados Unidos. En la primera mitad del año, Argentina despachó 54.150 toneladas al mercado norteamericano, lo que representa un incremento interanual del 193,9%. Este destino se posicionó como el segundo más relevante en volumen, acaparando el 16,2% del total exportado. Este boom se explica, en parte, por la ampliación de la cuota de acceso libre de aranceles, que pasó de 20.000 a 100.000 toneladas anuales tras negociaciones entre ambos gobiernos, y que Argentina ya utilizó en un 72,5% a principios de agosto, superando a otros beneficiarios.
La paradoja de exportar a precios elevados y, a la vez, necesitar importar, se explica por una disminución en la producción nacional de carne. Tras la severa sequía de 2023, muchos productores optaron por retener vientres para recomponer sus rodeos, lo que redujo la cantidad de animales disponibles para faena. Esto llevó a una caída en el consumo per cápita anual, de 70 a 55 kilogramos. En consecuencia, el volumen total exportado también retrocedió, con proyecciones de 700.000 toneladas para 2026, lejos del millón de toneladas alcanzado en 2022 y 2024.
Este escenario de menor producción interna es el que abre la puerta a la importación. Según Costamagna, el modelo a seguir es similar al de Uruguay: importar carne a precios más bajos (por ejemplo, 4 dólares el kilo) para el consumo interno, mientras se exporta el producto propio a valores superiores (8 dólares el kilo o más). Brasil, principal exportador mundial, surge como un proveedor clave, especialmente si redirige volúmenes debido a limitaciones en mercados como China y Europa. Este patrón asegura la rentabilidad del sector exportador, aunque modifique los hábitos de consumo de los argentinos.
Fuente original: Infobae

