El reconocido escritor español Arturo Pérez-Reverte, miembro de la Real Academia Española (RAE) desde 2003, volvió a generar controversia al criticar duramente a la institución por su postura frente al lenguaje inclusivo. El autor de «El capitán Alatriste» expresó su descontento tanto en medios como en redes sociales, reafirmando su visión sobre el papel que debería cumplir la RAE en la defensa del idioma.
La chispa que encendió la última polémica fue un video compartido por Pérez-Reverte en la red social X. En las imágenes, una locutora felicitaba a «todas las atletas y los atletos españolas», utilizando una forma no reconocida por la RAE y con un error de concordancia en el adjetivo. «Llegamos a un punto en el que la imbecilidad no tiene límites», sentenció el novelista, señalando no solo a la locutora sino también a los medios por su supuesta «complicidad» y a la propia Academia por su «silencio».
Pérez-Reverte lamentó que, de seguir esta tendencia, la RAE terminará por admitir términos como «atleto» cuando sean usados masivamente por «20.000 idiotas». Ante la pregunta de usuarios sobre su continuidad en la RAE, el escritor respondió con ironía: «Si me fuera, se alegrarían unos cuantos. Por eso sigo allí», dejando en claro su intención de mantener su postura crítica desde adentro.
Esta no es la primera vez que Pérez-Reverte se enfrenta a la RAE. A principios de 2026, ya había publicado una columna donde afirmaba que la institución «ni fija, ni limpia, ni da esplendor», denunciando una renuncia deliberada a su papel normativo. El escritor sostiene que la RAE, en lugar de adoptar una posición firme y argumentada frente a la «grotesca injerencia del oportunismo político» en cuestiones lingüísticas, opta por un «silencio administrativo» y una «cautela diplomática» que considera debilidad o incluso cobardía.
El fondo del debate, según Pérez-Reverte, radica en si el rol de la RAE debe ser «descriptivo» (solo registrar el uso del idioma) o «normativo» (prescribir la forma correcta). Él se posiciona como un claro defensor del carácter normativo, lamentando que la institución, a su juicio, esté dominada por «los talibanes del todo vale». Para el novelista, si la RAE persiste en su «silencio», se convertirá en una entidad «útil pero traidora a sí misma», llegando tarde cuando el daño ya esté hecho y renunciando a la grandeza de la lengua al abandonar la exigencia, el rigor y la belleza.
Fuente original: Infobae

