A media mañana del 22 de mayo de 1984,Alfredo Barragánretuvo el último cabo en su mano derecha, lo arrojó al aire y con esa misma mano en alto indicó: “¡Adelante!”. El remolcador hizo sonar su bocina. La balsa Atlantis se alejó lentamente del muelle del puerto de Santa Cruz de Tenerife, en las Islas Canarias, España, ante la mirada incrédula de autoridades e isleños. Desde ese puerto ubicado a cien kilómetros de la costa este de África, cinco argentinos comenzaban a navegar hacia el otro lado del océano sobrenueve troncos amarrados con cuerdas vegetales, sin motor y sin timón.
“No he visto nada más parecido a un sueño”, escribió Barragán sobre su recuerdo de aquel instante del que se cumplen 42 años.
Todo empezó tiempo antes, cuando Barragán era un estudiante de Derecho en Mar del Plata y esperaba turno para cortarse el pelo. En una clásica revista de peluquería encontró un artículo sobre las cabezas colosales olmecas: unos quince bustos tallados en piedra hace unos 3.500 años en la re
Fuente original: Infobae

