En el vasto entramado de la teología católica hay una palabra que resuena con una mezcla de solemnidad doctrinal y autoridad milenaria:dogma. Para muchos creyentes el término evoca certezas inamovibles; para otros, representa una estructura rígida de pensamiento que parece resistirse al cambio. Sin embargo, en su origen histórico y teológico, el dogma no nació como una imposición arbitraria, sino como la cristalización de debates, concilios y controversias que durante siglos definieron el corazón doctrinal del cristianismo. En la tradición de la Iglesia Católica, un dogma es una verdad revelada por Dios que la Iglesia propone como obligatoria para la fe de todos los fieles. No se trata simplemente de una opinión teológica ni de una enseñanza pastoral que pueda evolucionar libremente, sino de una afirmación considerada definitiva, proclamada solemnemente por la autoridad eclesial. En términos simples:el dogma es aquello que, para el catolicismo, debe creerse como verdad revelada.
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Fuente original: Infobae

