Para muchas mujeres, el labial rojo es un ícono de sensualidad y seguridad, inmortalizado por figuras como Marilyn Monroe. Sin embargo, no son pocas las que descartan este color de su rutina de maquillaje, convencidas de que «el rojo no me queda bien». Pero una experta en colorimetría asegura que esta percepción está equivocada: la clave no es rechazar el color, sino encontrar el tono adecuado que armonice con nuestras características.

Heidi Andrade, una reconocida especialista en el análisis del color, explica que los tonos que elegimos para nuestros labios influyen directamente en cómo nos vemos y nos sentimos. Incluso existe el «efecto pintalabios», un fenómeno que describe cómo en tiempos de incertidumbre económica, las personas tienden a mantener o incluso aumentar pequeños gastos en belleza, como un labial, buscando una gratificación accesible.

La psicología del color juega un papel fundamental. Un rojo vibrante puede transmitir poder, mientras que los tonos nude o marrones evocan calma y naturalidad. Rosas y corales aportan frescura, y los borgoñas sugieren misterio. Pero más allá de lo que cada color simboliza, la verdadera magia reside en la colorimetría personal. Andrade enfatiza que no existe un «rojo» único; hay rojos cálidos, fríos, brillantes y profundos. La dificultad de muchas mujeres radica en que han probado tonos que no corresponden a su subtono de piel, ojos o cabello.

Determinar nuestra «estación cromática» es crucial. Esta clasificación no tiene que ver con nuestra fecha de nacimiento, sino con la combinación de características físicas como el subtono de la piel, el color de ojos y el cabello, y cómo estos se relacionan en términos de temperatura, intensidad y profundidad. Un análisis profesional de colorimetría puede identificar qué gamas y matices potencian mejor nuestros rasgos. La buena noticia es que las tendencias actuales son muy permisivas, invitando a cada persona a descubrir su propio rojo, rosa o borgoña, ese que al aplicarlo, nos hace sentir automáticamente más bellas y seguras.

Fuente original: Clarín