El futuro de un ambicioso acuerdo comercial y de inversiones entre Argentina y Estados Unidos, conocido como ARTI, se encuentra en un punto crítico. A pesar de haber sido firmado en febrero de este año por el excanciller Pablo Quirno y el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, el pacto aún no ha sido enviado al Congreso Nacional para su ratificación, y el Gobierno de Javier Milei enfrenta serias dudas sobre si cuenta con los votos necesarios para su aprobación.

La situación salió a la luz tras un informe de la agencia Bloomberg, que reveló que asesores del presidente Milei habrían comunicado a la administración de Trump la falta de respaldo legislativo. Esto generó una fuerte presión desde Washington, donde el embajador Peter Lamelas y otros funcionarios estadounidenses han insistido públicamente en la importancia de avanzar con la implementación plena del ARTI y promover inversiones. Aunque el canciller Quirno intentó desmentir las versiones, la realidad es que el compromiso asumido con Estados Unidos choca con la escasa red de apoyo que el oficialismo tiene hoy en el Parlamento.

Legisladores consultados por el medio original señalaron que el acuerdo ni siquiera figura en la agenda del Congreso, y que las urgencias actuales del Gobierno se centran en otros proyectos. El ARTI, por su naturaleza de «todo o nada», complica cualquier intento de renegociación. Sin embargo, en el Gobierno se baraja la posibilidad de aprobar leyes compatibles con el espíritu del acuerdo de forma separada, como resoluciones de propiedad intelectual, si la ratificación completa se vuelve inviable. Esto demuestra la alta sensibilidad con la que se maneja el tema.

Para Estados Unidos, la aprobación del ARTI es fundamental, no solo por el impulso económico que representa, sino también por el fuerte respaldo político y financiero que la administración Trump brindó a Milei. El acuerdo busca, principalmente, que Argentina abra más su mercado a productos, empresas e inversiones estadounidenses, modificando numerosas regulaciones comerciales. A cambio, EE.UU. concedería ciertas preferencias arancelarias a productos argentinos, aunque ha mantenido un arancel del 10% para algunos bienes, como el aluminio y el acero, sin intención de negociarlo.

Entre los puntos clave del ARTI, se destacan la eliminación de licencias de importación para productos estadounidenses o su conversión en licencias automáticas, y el compromiso de Argentina a reducir barreras sanitarias y fitosanitarias para alimentos y productos agropecuarios de EE.UU., incluyendo carne, cerdo, pollo y quesos. Además, se busca facilitar inversiones estadounidenses en sectores estratégicos como minerales críticos, petróleo, gas, energía, telecomunicaciones, transporte e infraestructura, buscando desplazar la influencia de otros actores globales. Aunque el acuerdo ha recibido críticas de especialistas y opositores por posibles superposiciones con el Mercosur y la OMC, sus defensores argumentan que podría modernizar la economía argentina y fortalecer la alianza estratégica con Estados Unidos.

Fuente original: Clarín