La irrupción de la IA Generativa, liderada por empresas como OpenAI, ha generado discursos providencialistas que minimizan sus consecuencias. Sin embargo, expertos como Nuria Almirón, Josep Jarque, Jussi Parikka y Cecilia Rikap alertan sobre aspectos ignorados, como su huella ambiental y su impacto laboral.
La materialidad de la IA, lejos de ser intangible, depende de infraestructuras energéticamente intensivas y de trabajadores en países periféricos, encargados de clasificar datos. Según Rikap, una búsqueda en Gemini consume 15 veces más energía que en otros buscadores.
El impacto laboral no se limita a la creación de empleos, sino a la posible destrucción masiva de puestos. Elon Musk, en un giro inesperado, propone una Renta Básica Universal como solución ante la automatización acelerada.
Otro riesgo es la delegación cognitiva en la educación. La comparación con la calculadora es falaz, ya que la IA Generativa permite delegar tareas complejas, como redactar textos, algo que no se evalúa en los sistemas educativos actuales.
La necesidad de debates sistemáticos y leyes que regulen la IA es urgente. Solo así se podrán mitigar sus efectos en la economía, la educación y el medio ambiente, evitando una dependencia tecnológica no cuestionada.

