El sector agropecuario se consolida como uno de los principales impulsores del crecimiento económico en Argentina durante este 2026. Según los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la actividad económica del país experimentó un alza del 0,8% en junio en comparación con mayo, y un significativo 2,7% interanual. En este panorama, el agro, junto con la minería y el petróleo, se destaca por su buen desempeño, especialmente en las actividades orientadas a la exportación, mientras que los rubros dependientes del mercado interno muestran mayores dificultades.
Este impulso del sector se debe en gran parte a una cosecha de granos histórica, que tuvo un impacto positivo directo en la molienda de harina y aceite. De hecho, el agro contribuyó con 1,1 puntos porcentuales al crecimiento interanual del 2,7% de la actividad económica en el sexto mes del año. Sin embargo, más allá de la coyuntura favorable, el sector debe enfocarse en desafíos cruciales como la sustentabilidad, los efectos del cambio climático y la imperante transformación tecnológica para optimizar sus procesos y asegurar su operatividad a largo plazo.
Expertos del sector, como Jorge Bassi de Bunge, Fabián Quiroga de ADAMA, Axel Labourt de Advanta y Gabriel Tinghitella de CREA, coinciden en una visión optimista hacia el futuro, proyectando un campo argentino digitalizado y con trazabilidad para 2040. Destacan que el país tiene el potencial de incrementar su producción mejorando los rendimientos, actualmente estancados por la escasa adopción de tecnología, especialmente en cultivos como la soja. Para ello, es fundamental un marco de estabilidad económica y política que fomente la inversión y la importación de tecnología, permitiendo una planificación a largo plazo.
A pesar del enorme potencial y la competitividad de los productores argentinos, existen cuentas pendientes que frenan su desarrollo. La infraestructura, particularmente la red de caminos y el transporte hacia los puertos, es un punto crítico. Asimismo, las retenciones impositivas continúan limitando la adopción de nuevas tecnologías y la capacidad de inversión, una situación que pone a Argentina en desventaja frente a países vecinos como Brasil, que han destinado grandes sumas a capital de trabajo para el desarrollo de su sector. La falta de una estrategia a largo plazo consensuada entre el sector público y privado es un obstáculo recurrente.
No obstante, el campo argentino se caracteriza por su constante innovación y la presencia de productores jóvenes y digitalizados. Prácticas como el doble cultivo, que permite sembrar y cosechar dos veces en el mismo terreno, emergen como una estrategia clave para intensificar la producción, cuidar el suelo y diversificar riesgos. La Argentina, a diferencia de otros países, no tiene «hectáreas por ganar», sino «doble cultivo por ganar», lo que subraya la necesidad de adaptar estrategias y tecnologías a su realidad para consolidar su rol como potencia agroalimentaria mundial.
Fuente original: Clarín



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