Los principales gremios docentes de Argentina, CTERA, UDA y Ademys, salieron al cruce del Gobierno nacional por la interpretación de los resultados de las Pruebas PISA 2025. Las organizaciones sindicales rechazaron la postura oficial de atribuir el bajo rendimiento educativo exclusivamente a gestiones anteriores y denunciaron el impacto del desfinanciamiento y el ajuste en el sistema.

Desde CTERA, liderada por Sonia Alesso, argumentaron que las evaluaciones PISA reflejan trayectorias escolares acumuladas durante aproximadamente ocho años, un período que abarca distintas etapas políticas, la pandemia y también la actual administración. Según los sindicalistas, los resultados no pueden ser una “fotografía” exclusiva del presente escolar, sino que deben analizarse en un contexto más amplio, incluyendo las condiciones socioeconómicas de los estudiantes y la inversión educativa.

En este sentido, CTERA destacó una contracción del 35% en el presupuesto educativo entre 2016 y 2019, y una caída de la inversión al 4% del PBI en 2024, el registro más bajo de las últimas dos décadas. Además, señalaron una reducción cercana al 50% en los recursos nacionales destinados al sector en los últimos dos años y cuestionaron la suspensión del artículo 9 de la Ley de Educación Nacional. La entidad también remarcó la brecha de 82 puntos en Ciencias entre los estudiantes más y menos favorecidos socioeconómicamente, subrayando que la escuela pública no puede compensar sola las desigualdades sin recursos adecuados.

A estas críticas se sumaron la Unión Docentes Argentinos (UDA) y Ademys. Sergio Romero, secretario general de UDA, vinculó los resultados de PISA 2025 con la falta de inversión bajo la gestión de Javier Milei, afectando incluso la educación técnica, y defendió el rol de los docentes. Por su parte, Federico Puy de Ademys, cuestionó que el Gobierno atribuya los resultados negativos a administraciones previas mientras había elogiado los de las pruebas Aprender. Ademys también puso en tela de juicio el formato de PISA, argumentando que los rankings internacionales no son una medida suficiente para evaluar sistemas educativos con profundas diferencias culturales y socioeconómicas.

Fuente original: La Gaceta