Cada 29 de septiembre se celebra el Día Mundial del Corazón, una fecha dedicada a generar conciencia sobre las enfermedades cardiovasculares, que lamentablemente continúan siendo la principal causa de muerte a nivel global. La campaña de este año, bajo el lema «No pierdas ni un latido», busca enfatizar la importancia de reconocer los síntomas a tiempo y realizar consultas médicas tempranas, ya que muchos de los problemas cardíacos pasan desapercibidos hasta que es demasiado tarde.

Expertos del Hospital Británico de Buenos Aires y la World Heart Federation subrayan que estas afecciones pueden impactar a cualquier persona, sin importar su edad o condición física. La clave reside en la prevención y en el control de factores de riesgo como la genética, la presión arterial, el colesterol, la glucemia, el sedentarismo y el tabaquismo. No hay soluciones mágicas, sino una suma de pequeñas decisiones diarias que, sostenidas en el tiempo, generan beneficios significativos para la salud cardiovascular.

Un estudio reciente del Servicio de Cardiología del Hospital de Clínicas de la UBA reveló datos preocupantes sobre la población argentina: el 63,9% de los evaluados presentaba hipertensión arterial, pero solo el 49% estaba bajo tratamiento y apenas el 10% lograba controlar sus valores. La hipertensión es la principal causante de accidentes cerebrovasculares (ACV) e insuficiencia cardíaca, y dado que muchos pacientes son asintomáticos, su detección suele darse en controles de rutina. Además, el 43% de los encuestados mostró alteraciones en el perfil lipídico (colesterol y triglicéridos altos), con un alarmante 67,6% sin tratamiento.

Sin embargo, hay esperanza: más del 80% de los eventos cardiovasculares graves pueden evitarse mediante el control de estos factores de riesgo y la adopción de hábitos saludables. La actividad física regular es fundamental; se recomienda al menos 150 minutos semanales de ejercicio aeróbico moderado o 75 minutos intensos, sumando dos sesiones de fortalecimiento muscular. Incluso algo tan simple como alcanzar los 7.000 pasos diarios puede reducir significativamente el riesgo de enfermedades cardiovasculares y mortalidad.

En cuanto a la alimentación, la clave es una dieta variada y equilibrada, priorizando frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos, pescado y aceite de oliva, mientras se reducen los ultraprocesados, carnes procesadas, sodio y azúcares añadidos. Además, un descanso adecuado (7 a 9 horas por noche) y un manejo efectivo del estrés son cruciales. El estrés crónico no solo afecta el organismo directamente, sino que también puede llevar a conductas perjudiciales como el sedentarismo o el aumento del consumo de tabaco y alcohol.

Finalmente, dejar de fumar es una de las decisiones más impactantes para el corazón y las arterias, con beneficios que aparecen sin importar la edad ni los años de tabaquismo. Cuidar el corazón no debe ser una acción esporádica que recordamos una vez al año, sino una construcción diaria a través de hábitos que, con constancia, pueden cambiar nuestra trayectoria cardiovascular y mejorar nuestra calidad de vida.

Fuente original: Infobae