La crítica de Thierry Klifa sobre ‘La mujer más rica del mundo’ revela un enfoque inusual al adaptar el caso de Liliane Bettencourt, empresaria francesa dueña del imperio L’Oréal. En lugar de profundizar en el drama o el toque noir, la película opta por la farsa y el absurdo, según el analista Roger Salvans para Fotogramas.
El personaje de Lafitte, interpretado con una mezcla de bufonería e irritación, destaca como uno de los elementos más memorables. Su relación con Isabelle Huppert, quien encarna a Bettencourt con una actitud diva y fría, genera tensiones que contrastan con el resto de la producción.
El guion y la puesta en escena, sin embargo, parecen desviarse de la narrativa principal. Mientras algunos actores y escenas se encajan en una trama coherente, otras partes de la película se sienten desconectadas, como si pertenecieran a una historia distinta.
El director Thierry Klifa parece haber elegido un camino poco convencional, priorizando el humor absurdo sobre la profundidad emocional. Esta elección divide a la crítica, que debate si es una innovación o una pérdida de enfoque en el caso de Bettencourt.
En última instancia, ‘La mujer más rica del mundo’ deja una reflexión: ¿Es posible abordar escándalos de alta sociedad sin caer en el cliché o el melodrama? La película responde con una dosis de ironía, aunque deja pendiente su impacto en el espectador.

