La flamante presidenta de México, Claudia Sheinbaum, enfrenta un creciente desafío en la región aguacatera de Michoacán, donde la persistente inseguridad ha provocado una paralización de las exportaciones del valioso fruto hacia Estados Unidos. A pesar de la gravedad de la situación y la preocupación de diversos sectores, Sheinbaum aún no ha realizado una visita oficial a la zona, generando incertidumbre y críticas sobre la gestión de esta crisis.
La interrupción de las importaciones de aguacate por parte de Estados Unidos, si bien se ha ido restableciendo paulatinamente, mantiene la amenaza de una suspensión total. Especialistas del sector advierten que, de no resolverse con celeridad, esta situación podría abrir una ventana de oportunidad para países como Perú, Colombia y Brasil, que buscarían ocupar el vacío dejado por México en el lucrativo mercado estadounidense. Además, la crisis podría complicar la futura renovación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), al erosionar la confianza comercial.
Víctor Mendoza Pantoja, secretario general de la Confederación Central Nacional (Cocena), subrayó la necesidad imperiosa de garantizar condiciones de seguridad plenas en toda la región, más allá de la mera reapertura de las inspecciones. Según Mendoza Pantoja, es fundamental que la presidenta Sheinbaum se interiorice de primera mano con la realidad de Michoacán, donde la violencia y la presencia del crimen organizado han sumido a productores, trabajadores y empresas en una situación crítica.
El Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA) hizo un llamado urgente a proteger la integridad del personal involucrado en la cadena de exportación, tanto mexicano como estadounidense. Ambas organizaciones coinciden en que la seguridad y el Estado de derecho en las zonas productoras son condiciones básicas para mantener el acceso a los mercados internacionales y la credibilidad de México como proveedor. Los incidentes recurrentes de inseguridad no solo afectan a nivel local, sino que también deterioran la imagen de confiabilidad del país, lo que podría tener repercusiones negativas en las negociaciones del T-MEC, endureciendo las exigencias de Estados Unidos.
Cada suspensión de exportaciones genera una profunda incertidumbre entre importadores y distribuidores en Estados Unidos, quienes ante la falta de certezas sobre el abastecimiento, podrían volcarse hacia otros proveedores. Esta situación representa un riesgo significativo de que México pierda cuotas de mercado que luego serían muy difíciles de recuperar, afectando a miles de familias que dependen de la industria aguacatera.
Fuente original: Infobae

