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Caso Diego Fernández Lima: los amigos de Graf declararon siete horas, entregaron sus chats y uno intentó grabar su propio testimonio

14/05/2026 5 min de lectura Por Redacción
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Una jornada judicial extensa y con un momento inesperado marcó este martes la investigación por el asesinato de Diego Fernández Lima, el chico de 16 años que desapareció en 1984 y cuyos restos aparecieron enterrados, casi cuarenta años después, en el jardín de una vivienda del barrio porteño de Coghlan. La audiencia arrancó a las diez de la mañana y se extendió hasta pasadas las cinco y media de la tarde, con testimonios, preguntas cruzadas y un episodio que sorprendió a todos.

Los dos testigos que comparecieron ante la fiscalía son Miguel Riños y Carlos Elizari, ambos con vínculos con Cristian Graf —principal sospechoso del caso— a través del movimiento scout. Sus nombres habían llegado al expediente gracias a Daniela Barreiro, ex pareja de Graf y madre de sus hijos mayores, quien había declarado como testigo a fines de febrero.

El objetivo de la fiscalía, encabezada por Martín López Perrando, era reconstruir el entorno social de Graf y, fundamentalmente, determinar qué conversaciones había mantenido con sus allegados tras el descubrimiento de los restos de Fernández Lima en la casa de la avenida Congreso al 3700, donde la familia Graf había residido. En ese marco, ambos testigos entregaron voluntariamente sus teléfonos celulares para que se extrajesen los intercambios de WhatsApp del grupo de amigos en cuestión.

«Por ahora, hasta que no revisemos los chats —que son muchos—, es poco lo que se puede decir», señaló una fuente judicial al tanto de la situación. Ese material quedó incorporado formalmente a la causa y será analizado en los próximos días. Según precisaron fuentes del caso, la revisión de los mensajes podría llevar a una nueva citación de los testigos o a la adopción de medidas de prueba adicionales.

El primero en declarar fue Riños, quien relató que conoció a Graf en 1985, es decir, un año después de la desaparición del adolescente. Describió cómo se integró al grupo scout y cómo fue la dinámica compartida con el sospechoso. Sin embargo, ese tramo de su testimonio no habría aportado elementos relevantes para el avance de la investigación.

El punto más sensible llegó cuando los fiscales le preguntaron si había hablado con Graf sobre el hallazgo de los restos. En un primer momento, Riños aseguró que no había tocado el tema «bajo ningún aspecto». Pero a medida que avanzó la audiencia, reconoció haberse reunido personalmente con él en al menos tres ocasiones desde que el caso se hizo público. Explicó que durante el pico de la cobertura mediática no tuvo contacto con Graf, pero que sí lo vio en los últimos meses, aunque afirmó que en ninguno de esos encuentros abordaron directamente el crimen.

Una frase de Riños quedó resonando entre los investigadores: «A partir de esta historia no sé quién es Cristian ahora».

El turno de Elizari trajo el episodio más llamativo de la jornada: en plena audiencia, se advirtió que el testigo estaba grabando su propia declaración con el celular. La situación se descubrió cuando se le solicitó el teléfono para descargar los chats. Elizari explicó que tiene dificultades de memoria y que quería guardar un registro para un «control interno posterior». La situación quedó asentada formalmente en el acta.

En cuanto al fondo de su testimonio, Elizari mostró una postura más comprometida con la defensa de Graf. Relató que apenas estalló el escándalo se acercó a su amigo para saber cómo estaba y acompañarlo, y que en esos intercambios Graf repetía que no entendía qué había pasado.

Ambos testigos coincidieron en que les resulta inconcebible que Graf pueda haber tenido alguna participación en un hecho de semejante gravedad. «Es imposible que Cristian haya hecho algo por el estilo» y «No nos entra en la cabeza» fueron algunas de las expresiones que dejaron durante la audiencia, según confirmaron fuentes del expediente.

La investigación avanza sobre un crimen que data de hace casi cuatro décadas, lo que representa un desafío probatorio enorme para los fiscales a cargo del caso.

Fuente original: Infobae