En un mundo donde nuestras vidas giran cada vez más en torno a las pantallas, una creciente corriente invita a desconectarse y redescubrir actividades que parecían olvidadas. El fenómeno, conocido como «going analog» o regreso a lo analógico, cobra fuerza y propone un reencuentro con el tiempo libre, la creatividad y los objetos tangibles.

Esta tendencia no se limita a una simple nostalgia, sino que responde a una necesidad de escapar del constante bombardeo digital. Actividades como escribir en cuadernos, utilizar cámaras de fotos con rollo, tejer, armar rompecabezas o escuchar música en vinilo están experimentando un resurgimiento notable. Jóvenes en América del Norte y Europa Occidental son los principales impulsores de esta movida, buscando experiencias offline y una pausa del ritmo frenético de la conectividad.

Entre las prácticas más populares se encuentra el journaling, que consiste en llevar un diario personal a mano, lejos de las notificaciones e interrupciones del celular. La fotografía analógica también recupera terreno, obligando a pensar cada toma y a disfrutar la espera del revelado, valorando la imperfección y lo único de cada imagen. Otros pasatiempos como la cerámica, el bordado, la pintura y los juegos de mesa completan este abanico de opciones que exigen atención y participación activa.

El interés por estas actividades radica en la búsqueda de un equilibrio. No se trata de abandonar por completo la tecnología, sino de establecer límites y valorar lo tangible. Un cuaderno con anotaciones, una foto impresa o una pieza artesanal ofrecen una forma distinta de conservar recuerdos y expresar la creatividad. Incluso, talleres y clubes de lectura o tejido se convierten en espacios sociales donde el celular deja de ser el centro de la interacción. Es una invitación a reencontrarnos con nosotros mismos y con el mundo real, aunque paradójicamente, muchas veces esta tendencia se difunde a través de las mismas redes sociales de las que busca escapar.

Fuente original: Río Negro Online