Las altas temperaturas que azotan a México en estas semanas no son solo una molestia climática: para millones de personas que conviven con hipertensión arterial, pueden convertirse en una amenaza real para la salud. Especialistas del área cardiovascular encendieron las alarmas y pidieron no subestimar el impacto que el calor intenso tiene sobre el corazón y la presión sanguínea.
Según cifras de la Secretaría de Salud mexicana, uno de cada cuatro habitantes del país tiene hipertensión. El dato más inquietante es que casi la mitad de ese grupo ni siquiera lo sabe, ya que la enfermedad puede avanzar sin dar señales evidentes durante años, ganándose el apodo de «el asesino silencioso».
¿Qué tiene que ver el calor con todo esto? Cuando el cuerpo se enfrenta a temperaturas elevadas, pone en marcha una serie de mecanismos para intentar enfriarse: transpira, dilata los vasos sanguíneos y exige más trabajo al corazón para mantener una circulación adecuada. En personas con presión arterial elevada, ese esfuerzo extra puede volverse riesgoso.
El Dr. Hugo Palafox, vicepresidente de Ciencia en Immunotec y especialista en metabolismo humano, advirtió que la pérdida de líquidos y electrolitos producto del calor puede desestabilizar los niveles de presión arterial y derivar en complicaciones cardiovasculares serias. «Mucha gente no le da importancia a lo que el calor le hace al corazón, y eso es un error», señaló el experto.
Entre las recomendaciones que brindaron los especialistas, la hidratación ocupa el primer lugar. La clave está en tomar agua de manera continua, sin esperar a tener sed, y alejarse de las bebidas alcohólicas y las gaseosas azucaradas, que lejos de hidratar, favorecen la pérdida de líquidos o la retención de sodio.
En la misma línea, sugirieron reducir el consumo de alimentos ultraprocesados y snacks con alto contenido de sal, ya que el sodio en exceso puede disparar la presión arterial en cuestión de horas.
Otro punto que sorprende a muchos es el riesgo que genera el aire acondicionado cuando se usa de forma extrema. Pasar abruptamente de un ambiente con 35 grados a uno con 18 puede provocar una contracción repentina de los vasos sanguíneos, alterando la presión de manera brusca. Los expertos recomendaron mantener los ambientes climatizados entre los 24 y los 26 grados centígrados.
Respecto a la actividad física, los especialistas fueron claros: no hay que abandonarla, sino reorganizarla. Las primeras horas de la mañana o las últimas de la tarde, cuando el sol ya bajó, son los momentos más seguros para salir a moverse. Caminatas en lugares ventilados o natación son las opciones más recomendadas para no sobrecargar el sistema cardiovascular.
Para bajar la temperatura corporal de manera rápida y sin esfuerzo, una técnica simple y efectiva consiste en aplicar compresas frías en muñecas, cuello y detrás de las rodillas, zonas donde los vasos sanguíneos están más cerca de la superficie de la piel.
Los médicos también hicieron hincapié en que varios síntomas propios del calor combinado con la hipertensión suelen confundirse con un simple cansancio: dolor de cabeza persistente, sensación de presión en el pecho, mareos, visión borrosa o zumbidos en los oídos son señales que no deben ignorarse. Ante cualquiera de estas manifestaciones, la recomendación es consultar con un profesional de la salud sin demoras.
En definitiva, el mensaje de los especialistas es contundente: durante las olas de calor, el monitoreo frecuente de la presión arterial y la prevención activa no son opcionales para quienes tienen hipertensión o antecedentes cardíacos. En estos casos, el calor no es solo incomodidad, es un factor de riesgo que hay que tomar muy en serio.
Fuente original: Infobae

