Mientras gran parte del planeta se debate entre la masificación turística, con aeropuertos colapsados y playas repletas, existe un rincón en el Pacífico donde la realidad es diametralmente opuesta. Kiribati, un archipiélago remoto y poco conocido, fue reconocido por la Organización Mundial del Turismo como el país menos visitado en 2026, recibiendo apenas 9.500 personas al año. Hasta este destino casi inexplorado llegó Ramiro Cristofaro, un intrépido viajero argentino, cuya experiencia fue tan única como reveladora.
Cristofaro compartió con Infobae los desafíos de su travesía, destacando que fue el único turista que descendió del avión en Kiribati. La logística para llegar a este país, compuesto por 32 atolones e islas coralinas dispersas en cuatro hemisferios, es una verdadera odisea. Dependiendo de aerolíneas extranjeras con vuelos una o dos veces por semana, la coordinación es crucial. «Si perdía el vuelo, podía quedar varado una semana o muchísimo más tiempo», relató Ramiro, quien tuvo que acortar su estadía a dos días por la cancelación de un vuelo previo.
La infraestructura turística en Kiribati es prácticamente inexistente. No hay resorts de lujo, guías organizados ni una amplia oferta de alojamiento. Ramiro incluso tuvo que pedir permiso para instalar una carpa en el jardín de un pequeño hospedaje ante la falta de opciones. El viajero destacó la belleza natural del lugar, con playas vírgenes y ecosistemas marinos prístinos, pero remarcó que su lejanía y el alto costo lo hacen inaccesible para la mayoría. La geografía de sus atolones, con franjas de tierra de apenas diez metros de ancho, también lo convierte en uno de los países más vulnerables al cambio climático, con zonas que se inundan varias veces al año.
Además de su belleza natural, Kiribati guarda una rica historia. Fue escenario de la Batalla de Tarawa durante la Segunda Guerra Mundial, dejando huellas visibles como tanques y búnkeres oxidados que contrastan con el paisaje paradisíaco. El país también alberga la Phoenix Islands Protected Area (PIPA), una vasta reserva marina declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Para Ramiro, la experiencia fue una inmersión en un ritmo de vida diferente, más lento y rústico, donde la mayor atracción es la sensación de estar en un lugar auténtico, casi intacto por el avance del turismo global. Es un destino para aquellos que buscan la verdadera esencia de la exploración.
Fuente original: Infobae

