El arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, presidió una misa en la Villa 31 tras el operativo ‘Tormenta Negra’, que el gobierno porteño desplegó en 15 barrios populares. Durante la ceremonia, denunció que el término ‘Tormenta Negra’ se refiere a la falta de trabajo, el narcotráfico y la ausencia del Estado en las villas, afirmando que estos problemas han azotado a los barrios durante décadas.
Los vecinos de la Villa 31 entregaron una carta al arzobispo en la que pidieron un ‘canal de paz’ y denunciaron la violencia y el hostigamiento sufrido durante los operativos. En el documento, destacaron el impacto de acciones como desalojos, incautaciones a trabajadores informales y el uso de topadoras para levantar puestos de ferias, sin resultados significativos en la lucha contra el delito.
El sacerdote Lorenzo ‘Toto’ de Vedia, presente en la misa, criticó el enfoque mediático de los operativos, señalando que generan estigmatización y discriminación. Exhortó a priorizar la integración urbana sobre la represión, advirtiendo que las medidas actuales olfatean una ‘erradicación’ de las comunidades populares.
El operativo ‘Tormenta Negra’, con 1500 efectivos, fue el más reciente de una serie de acciones que, según los vecinos, han incluido desalojos, revisión de identidades y agresiones a la población. Los residentes denunciaron que los operativos no abordan las causas estructurales del problema, sino que intensifican la precariedad.
La misa de García Cuerva se suma a las críticas de la Conferencia Episcopal Argentina, que alerta sobre la creciente pobreza y la desocupación. Marcelo Colombo, titular de la CEA, destacó que incluso la clase media enfrenta dificultades económicas, señalando una transformación social que exige soluciones integrales.
La situación en las villas refleja un desafío no solo para las autoridades, sino para toda la sociedad. La denuncia del arzobispo y el llamado de los vecinos subrayan la urgencia de políticas que combinen justicia social, integración urbana y respeto a los derechos de las comunidades más vulnerables. Sin un cambio en la mirada del Estado, la ‘Tormenta Negra’ podría convertirse en una tormenta sin fin.

