La Argentina se encuentra ante una oportunidad histórica para posicionarse como un gigante mundial en la producción y exportación de proteínas animales. El sector cárnico, que abarca desde la carne vacuna hasta la porcina, posee un potencial inmenso que podría compararse con el impacto de Vaca Muerta en el sector energético, pero para que este despegue se concrete, los empresarios reclaman con urgencia un marco de reglas claras y previsibilidad a largo plazo.

Durante el reciente Forum Nacional de Agronegocios de LIDE Argentina, líderes de la industria como Pablo Paladini, presidente de Paladini, y Alejandro Duhau, de Frigorífico Azul, destacaron que el país tiene todas las condiciones para aumentar significativamente la producción. La clave estaría en una estrategia combinada que potencie tanto la carne vacuna, tradicionalmente fuerte, como la porcina, cuyo consumo y exportación vienen en franco crecimiento. Esta sinergia permitiría abastecer la creciente demanda global y generar un valor agregado sustancial para los productores.

Uno de los puntos centrales es la necesidad de una industria frigorífica que no diferencie entre el mercado interno y externo, sino que sea capaz de asignar cada corte al destino que ofrezca el mejor precio o la mayor necesidad. Esto optimizaría la rentabilidad y fomentaría la producción de mayor calidad. Además, se observa un cambio en el consumo interno, con una tendencia a diversificar las proteínas, donde el cerdo gana terreno sin desplazar a la carne vacuna, sino complementándola.

Sin embargo, el camino hacia este «boom cárnico» no está exento de desafíos. La falta de previsibilidad en las políticas gubernamentales, que en el pasado afectaron operaciones de exportación y la reputación de las empresas, es una preocupación constante. Los empresarios insisten en la importancia de una estrategia productiva sostenida en el tiempo, más allá de los cambios de gestión. También es crucial la apertura de nuevos mercados, especialmente en Asia, y el avance en acuerdos sanitarios y comerciales que faciliten el acceso y la competitividad frente a otros países. La trazabilidad y el bienestar animal, ya exigidos por mercados como la Unión Europea, representan otra oportunidad para agregar valor y diferenciar la producción argentina.

Fuente original: La Nación