El Foro Económico Mundial, con sede en Davos, Suiza, publicó su informe anual de competitividad global y la Argentina volvió a quedar mal parada: el país retrocedió 34 posiciones durante 2024 y lo que va de 2025, una caída que enciende luces de alarma sobre el rumbo económico que proponen las élites locales.
Este tipo de rankings es elaborado por organismos internacionales que miden variables como la estabilidad macroeconómica, la calidad institucional, el acceso al crédito, la infraestructura y el desarrollo del mercado laboral, entre otros factores. En todos esos frentes, la Argentina mostró deterioro sostenido.
Lejos de tratarse de un dato menor, este descenso refleja cómo las recetas de ajuste y desregulación que impulsan los sectores más concentrados de la economía argentina no logran traducirse en mejoras concretas para la competitividad del país en el escenario global. La paradoja es notable: quienes más defienden estos informes como brújula de política económica son, al mismo tiempo, quienes lideran las decisiones que llevan al país cuesta abajo en esas mismas mediciones.
El retroceso acumulado en estos dos años ubica a la Argentina en una posición especialmente vulnerable frente a sus pares de la región, varios de los cuales lograron avanzar o al menos mantenerse estables en el mismo período. La comparación regional deja al descubierto las dificultades estructurales que el país no logra resolver, independientemente del signo político de turno.
Para quienes siguen de cerca la economía argentina, el dato no sorprende: la falta de inversión productiva, la incertidumbre cambiaria, la caída del consumo interno y el deterioro del poder adquisitivo de los trabajadores configuran un escenario poco atractivo para cualquier evaluador externo. Lo que sí llama la atención es la distancia entre el discurso de modernización y eficiencia que promueven las élites locales y los resultados concretos que arroja la realidad.
El informe suizo, en definitiva, funciona como un espejo incómodo: muestra que el camino elegido no está dando los frutos prometidos y que la Argentina necesita replantear de fondo su estrategia de desarrollo si aspira a recuperar terreno en el concierto internacional.
Fuente original: Página 12

