En el complejo entramado de las relaciones de pareja, es común que uno de los integrantes se enfrente a una pregunta que puede erosionar la autoestima y sembrar dudas: «¿Soy suficiente?», «¿Esta persona realmente me quiere?». Estas inquietudes, que a menudo se convierten en un ciclo vicioso en la mente, suelen opacar la introspección sobre los propios sentimientos. Mientras la atención se centra en lo que el otro siente por nosotros, rara vez nos detenemos a analizar nuestras propias emociones dentro de la relación.

Este fenómeno se arraiga en una necesidad emocional muy extendida: la de sentirse amado y validado. En este escenario, los sentimientos personales quedan relegados, y la búsqueda de la aprobación del otro se convierte en el objetivo principal. Frente a esta dinámica, la psicóloga Ángela Fernández (@angelaprs.psicologia) plantea una pregunta incisiva: «¿Y si no estás enamorado, sino intentando conseguir que alguien te demuestre que eres suficiente? ¿No buscás amor, sino validación?».

La especialista explica que, a menudo, confundimos una intensa atracción con el enamoramiento, cuando en realidad podría esconderse una interacción dañina. «A veces queremos a alguien desde una herida de insuficiencia», señala Fernández, agregando que, paradójicamente, esa persona puede ser quien activa y retroalimenta dicha herida. Esto se manifiesta en patrones de comportamiento como la persecución, el intento constante de complacer y la entrega total, bajo la creencia de que si «lo doy todo por esta persona, me elegirá».

En esta situación, el objetivo principal no es solo ser querido, sino sentirse suficiente. Sin embargo, esto crea un círculo vicioso difícil de romper: cuanto más se necesita que alguien nos elija para sentirnos plenos, más insuficiente nos sentimos cuando no lo hace. Esta dependencia puede hacer que algunas relaciones se perciban como adictivas, donde el amor se confunde con la desesperada búsqueda de una reparación interna.

Fernández enfatiza que «no siempre es amor lo que nos mueve», sino a veces «una herida buscando ser reparada». En estos casos, la autoestima queda completamente condicionada al comportamiento de la otra persona en la relación, afectando directamente el estado anímico. La psicóloga sugiere dejar de enfocarse en cómo lograr que el otro nos elija, ya que esto perpetúa la herida y subordina la personalidad a los deseos ajenos.

En cambio, la experta propone un ejercicio de auto-reflexión: preguntarnos qué sentimos nosotros respecto a la relación. «¿Yo elegiría esta relación tal y como es conscientemente? ¿Yo elegiría a esta persona de manera consciente y voluntaria a partir de las cosas que me demuestra?». Al poner nuestros propios sentimientos en primer plano, nos obligamos a reevaluar nuestro rol en el vínculo. «Amar no debería ser demostrar constantemente que eres digno de amor. Tu valor no empieza cuando alguien te elige, tampoco desaparece cuando alguien no lo hace», concluye.

Fuente original: Infobae