El Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), hogar de más de 16 millones de personas, está experimentando una notable disminución en el uso del transporte público. Colectivos, trenes y subtes registran caídas significativas en la cantidad de pasajeros, una tendencia que se acentuó desde finales de 2023 y genera preocupación entre los operadores y las autoridades.

Según datos recientes de la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor (AAETA), el transporte en colectivo mostró descensos que oscilan entre el 4% y el 31% en junio de este año, en comparación con el mismo mes del año anterior. Los días hábiles vieron una baja del 17%, mientras que los sábados y domingos las caídas fueron del 21% y 24% respectivamente. En cifras concretas, esto significa que en un día hábil de junio hubo 1.665.972 pasajeros menos en colectivos del AMBA.

La situación se replica en los subterráneos porteños, donde el primer semestre de 2024 cerró con un 19% menos de pasajes vendidos respecto al mismo período de 2023, sumando más de 21 millones de viajes perdidos. La Línea D fue la más afectada, con una merma del 24%. En cuanto a los trenes, la red ferroviaria del AMBA también mostró una tendencia a la baja en la mayoría de sus líneas. Las líneas Mitre, Sarmiento y Roca experimentaron las mayores caídas, con reducciones del 46%, 27% y 18% respectivamente, cada una perdiendo unos 10 millones de pasajes.

Diversos factores explican este fenómeno. Por un lado, la marcada caída del poder adquisitivo de los salarios argentinos ha obligado a muchas personas a reducir sus gastos, priorizando lo esencial y limitando los viajes. A esto se suma el impacto de los aumentos tarifarios, producto de la quita progresiva de subsidios estatales, que encareció notablemente el costo de los pasajes en un contexto económico ya complicado.

Además, la modalidad del teletrabajo, que se consolidó durante la pandemia y se mantiene en muchos esquemas laborales híbridos o remotos, también contribuye a la menor demanda de transporte público. Menos desplazamientos diarios a las oficinas se traducen directamente en menos usuarios para colectivos, trenes y subtes. Esta combinación de factores económicos y cambios en los hábitos laborales está reconfigurando el panorama de la movilidad en la capital y sus alrededores, llevando a los ciudadanos a buscar alternativas o simplemente a reducir la frecuencia de sus traslados.

Fuente original: Infobae