Las aplicaciones de citas, omnipresentes en la vida contemporánea, están siendo objeto de un profundo análisis por parte de expertos que señalan un lado oscuro en sus dinámicas. La profesora de Filosofía del Derecho de la Universidad de Granada, Tasia Aránguez, ha alertado sobre la proliferación de una «sexualidad predatoria» dirigida hacia las mujeres, donde la manipulación y el engaño son herramientas frecuentes para forzar encuentros sexuales. Este fenómeno, según Aránguez, crea un contexto donde el consentimiento se ve comprometido, deslizándose por una «pendiente resbaladiza» en el entorno digital.
En su estudio «El peaje sexual: informe sobre relaciones románticas en la sociedad digital», Aránguez describe cómo muchas usuarias de estas plataformas se sienten reducidas a un «mercado de carne», experimentando la deshumanización. Un ejemplo claro es el «ghosting», la práctica de desaparecer sin explicaciones tras iniciar un vínculo, que deja a muchas mujeres sintiéndose utilizadas e instrumentalizadas. La investigación también revela datos contundentes: un 42% de las mujeres ha aceptado tener sexo casual sin desearlo realmente, cediendo a presiones que lo consideran un «peaje» para posibles relaciones serias, en contraste con solo el 23% que genuinamente lo busca. Esta cifra contrasta drásticamente con el 80% de los hombres que sí buscan encuentros casuales.
La experta también acuñó el término «ciberbaboseo» para describir el uso de redes sociales como Instagram, y por extensión, aplicaciones de citas, por parte de hombres que siguen perfiles de mujeres atractivas con poca ropa con fines masturbatorios. Esta conducta, junto con el exhibicionismo digital, contribuye a generar un ambiente de hostilidad y cosificación que impacta negativamente la experiencia de las mujeres en línea. Aránguez enfatiza que estas prácticas erosionan gradualmente la autonomía femenina, llevándolas a realizar acciones que inicialmente no deseaban, como el envío de fotos íntimas bajo presión, donde la insistencia masculina escala una vez que la mujer cede.
Aunque la profesora Aránguez sugiere la implementación de restricciones para menores en estas plataformas, subraya que la solución fundamental para combatir la violencia machista en el ciberespacio es de naturaleza cultural. «Si las personas tienen valores machistas, de feminización e hipersexualización en su mente, se va a producir este tipo de contenido», afirmó. Si bien su estudio se centró en relaciones heterosexuales, advierte que dinámicas violentas similares, e incluso más agresivas, pueden replicarse en relaciones entre personas del mismo sexo, especialmente entre hombres, y también en relaciones lésbicas donde pueden surgir roles de jerarquía y dominación. La clave, entonces, reside en transformar los valores subyacentes que perpetúan estas conductas.
Fuente original: Infobae




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