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Adiós a los rostros artificiales: La medicina estética argentina se inclina por la naturalidad y tratamientos no invasivos

12/07/2026 4 min de lectura Por Redacción
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La medicina estética está experimentando una transformación profunda. Hoy, la prioridad ya no es modificar drásticamente los rasgos, sino mejorar la calidad de la piel y acompañar el proceso de envejecimiento de forma natural, sin recurrir a cirugías invasivas.

Esta nueva filosofía se ve reflejada en las cifras globales. Según datos de la International Society of Aesthetic Plastic Surgery, en 2024 se realizaron cerca de 38 millones de procedimientos estéticos en todo el mundo, de los cuales más de la mitad (20,5 millones) fueron tratamientos no quirúrgicos. Los procedimientos con ácido hialurónico, por ejemplo, superaron los 6,3 millones y crecieron un 5,2% en un año, evidenciando una demanda creciente por lucir fresco y descansado, sin perder la identidad.

El cirujano plástico Raúl Banegas, miembro de la SACPER, destaca que el enfoque actual busca tratar las causas del envejecimiento, no solo sus consecuencias. Su lema, “igual, pero mejor”, resume esta tendencia: verse mejor, pero seguir siendo uno mismo. Investigaciones recientes, como un estudio en Nature Aging, sugieren que el envejecimiento no es lineal, sino que ocurre en “olas” de aceleración biológica, especialmente alrededor de los 44 y 60 años, lo que explica la percepción de cambios más rápidos en la piel.

En este marco, ganan terreno los tratamientos preventivos y regenerativos que estimulan la producción de colágeno, recuperan la hidratación y sostienen la firmeza de la piel. Los bioregeneradores, por ejemplo, ofrecen hidratación profunda, luminosidad y elasticidad sin alterar el volumen facial, abriendo la puerta a quienes antes temían perder su naturalidad.

La clave, según los especialistas, reside en la personalización. No se trata de corregir defectos a toda costa o imitar a otros, sino de construir un plan adaptado a cada paciente, que contemple tanto sus percepciones como el diagnóstico médico. Banegas utiliza una analogía arquitectónica: primero se evalúan las “vigas” y “columnas” del rostro (estructura y sostén), luego las “paredes” (surcos) y, finalmente, la “decoración” (arrugas finas). Es fundamental resolver la base antes de ir al detalle.

La cirujana plástica Griselda Seleme coincide en que la belleza hoy se entiende de una nueva manera, donde no solo se busca verse bien, sino “sentirse bien”. La combinación adecuada de tecnologías seguras y efectivas es crucial para mejorar la calidad de la piel y suavizar los signos del envejecimiento de forma natural. Láseres, luz pulsada, radiofrecuencia, bioestimuladores y ultrasonido son algunas de las herramientas que, aplicadas con criterio, potencian los resultados sin transformar el rostro.

La bioestimulación facial, por ejemplo, hidrata, nutre y tensa la piel en profundidad sin modificar los rasgos, siendo ideal tanto para adultos que buscan mejorar la laxitud como para jóvenes que desean prevenir. Los rellenos con ácido hialurónico también conservan su lugar, pero con un uso más prudente y preciso, buscando recuperar frescura y armonía, no borrar todas las arrugas.

En definitiva, el nuevo paradigma de la medicina estética propone un enfoque integral, sutil y progresivo. La meta ya no es cambiar radicalmente, sino mejorar la versión más auténtica de cada persona, priorizando la salud y la naturalidad de la piel con planes a medida.

Fuente original: Infobae