Productores rurales de Pilar y General Rodríguez, en la provincia de Buenos Aires, alertan sobre el preocupante aumento de robos de caballos, un flagelo que se recrudece en la región. Lo que comenzó como incidentes aislados se ha transformado en una rutina desesperante para quienes dependen de estos animales, con la sombra de la faena clandestina y el riesgo sanitario sobrevolando la situación.

Según testimonios de los afectados, como Joaquín Maikez, solo el año pasado se registraron cerca de 60 sustracciones en la zona. Tras un breve respiro, los delincuentes volvieron a la carga, llevándose en las últimas semanas varios equinos, incluyendo valiosas yeguas de polo y animales de trabajo. Los ladrones aprovechan la mansedumbre de los caballos para sacarlos de los establecimientos y trasladarlos a pie por extensos trayectos, a menudo de más de 25 kilómetros, en dirección a Moreno.

La principal hipótesis que manejan los propietarios y que genera gran preocupación es que los animales robados no son revendidos, sino que terminan en mataderos ilegales. Una vez faenados, su carne sería comercializada en circuitos informales, llegando a carnicerías barriales como milanesas o cortes diversos. Esta práctica no solo implica una pérdida económica y afectiva para los dueños, sino que representa un grave riesgo para la salud pública, ya que la carne evade cualquier tipo de control bromatológico y sanitario.

Los vecinos denuncian la inacción de las autoridades y la falta de una respuesta policial contundente. Aseguran que son ellos mismos quienes, a través de rastreos y seguimientos, logran reconstruir los caminos que toman los delincuentes. Ante la falta de esclarecimiento y la recurrencia de los hechos, los productores exigen mayor presencia policial y una investigación seria que desmantele estas redes criminales que ponen en jaque su patrimonio y la salud de la comunidad.

Fuente original: Clarín