La relación entre Patricia Bullrich y el presidente Javier Milei atraviesa un momento de tensión y estrategia. Recientemente, la ministra de Seguridad utilizó una frase de Lali Espósito, “todos los peros tienen un porqué”, no solo para justificar sus objeciones públicas a ciertas decisiones gubernamentales, sino también para enviar un mensaje con claras implicaciones electorales. Este gesto busca interpelar a los denominados “síperistas”, aquellos votantes que apoyan a Milei pero con reservas, y que podrían ser decisivos en una eventual reelección del actual mandatario.

Este segmento de electores fue fundamental para que Bullrich obtuviera casi el 24% de los votos en la primera vuelta de 2023 y, posteriormente, para que Milei se impusiera en el balotaje. Sin embargo, estudios de opinión pública actuales sugieren que una parte de estos votantes se está distanciando del Presidente, preocupados por el devenir económico. La única buena noticia para el oficialismo es que, a pesar de las dudas, esta porción de la sociedad difícilmente apoyaría una alternativa ligada al kirchnerismo.

Las muestras de diferenciación por parte de la titular de la cartera de Seguridad no son nuevas. Una de las más recientes y resonantes fue su pública disconformidad con «sorpresas» incluidas en el proyecto de Presupuesto 2027, específicamente en temas de discapacidad, exclamando: «No me tomen por tonta». A esto se suma un provocador video en redes sociales donde se la ve trabajando mientras escucha «No me importa» de Lali Espósito, artista a quien Milei ha criticado duramente. La letra de la canción, que habla de no cambiar pese a las críticas, parece un mensaje directo de la propia Bullrich. Sorprendentemente, Milei respondió restándole importancia, calificándolo de «tontería» y hasta admitiendo que le «gustaron» algunos temas de Lali, en un aparente intento de no tensar más la cuerda con su ministra.

Más allá de los gestos, Bullrich ha cuestionado decisiones concretas del gobierno, como la intención de anular el pliego de una jueza por ser cuñada de un periodista crítico del poder o la permanencia de Manuel Adorni en la Jefatura de Gabinete en medio de un escándalo. Incluso, en un foro de abogados, reivindicó enfáticamente la libertad de prensa y expresión, en contraste con las constantes críticas de Milei a los medios. Estas acciones, si bien marcan una distancia con el estilo presidencial, no implican un quiebre total con el proyecto reeleccionista, aunque Bullrich se muestra preparada para cualquier contingencia política, incluso una eventual postulación propia.

Colaboradores cercanos a la ministra aseguran que su imagen pública se mantiene sólida, e incluso a la par de la de Milei, según algunas encuestas. Un dato relevante es la brecha de género que muestran los sondeos, con un apoyo significativamente menor de las mujeres a la gestión de Milei. En este contexto, la estrategia de Bullrich parece apuntar a esos votantes que, si bien apoyaron a La Libertad Avanza, no comparten el estilo de liderazgo ni las formas de construir poder del Presidente, buscando ofrecer una alternativa que preserve el rumbo económico pero con mayor calidad institucional y prácticas políticas.

Fuente original: La Nación