Cuando pensamos en vacunas, lo primero que suele venir a la mente son los niños. Sin embargo, los expertos en salud insisten en que la vacunación es una herramienta fundamental que nos acompaña a lo largo de toda la vida, especialmente en la adultez, para garantizar un envejecimiento saludable y activo. Lejos de ser solo una medida preventiva contra enfermedades específicas, las vacunas actúan como un verdadero «entrenamiento» para nuestro sistema inmune, preparándolo para enfrentar los desafíos del paso del tiempo.
El proceso natural de envejecimiento, conocido como inmunosenescencia, comienza alrededor de los 34 años y se acentúa a partir de los 50. Esto significa que la capacidad de nuestras células para defendernos disminuye, incluso si nos sentimos completamente sanos. El doctor Pablo Bonvehí, infectólogo y miembro de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI), explica que así como cuidamos nuestra dieta y hacemos ejercicio, mantener el calendario de vacunación al día es parte esencial de un «combo de protección» que ayuda a desacelerar el deterioro de nuestras defensas.
Más allá de la prevención directa de infecciones como la gripe o el COVID-19, la ciencia ha demostrado que las vacunas ofrecen beneficios indirectos sorprendentes. Por ejemplo, la vacuna antigripal no solo evita la enfermedad respiratoria, sino que también reduce significativamente el riesgo de complicaciones cardiovasculares, como los infartos de miocardio, que aumentan durante la temporada de influenza. Incluso se investiga una posible conexión entre la vacuna contra el herpes zóster (culebrilla) y la reducción del riesgo de deterioro cognitivo y demencia, un campo prometedor que sigue bajo estudio.
Otro concepto clave es el «inflammaging» o inflamación crónica del organismo, un proceso que atenta contra el envejecimiento saludable. Estar menos expuestos a agentes infecciosos gracias a las vacunas contribuye a disminuir esta inflamación, que a su vez acelera el envejecimiento de nuestro sistema inmune. A pesar de la evidencia, las coberturas de vacunación en adultos, especialmente entre los 30 y 50 años, están lejos de ser óptimas. La falta de conciencia sobre la importancia de estas vacunas y, en algunos casos, el alto costo de ciertas dosis fuera del calendario gratuito, representan desafíos importantes para la salud pública argentina.
Fuente original: Clarín



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