En una reciente entrevista, el reconocido doctor en biología molecular y especialista en neurociencia, Estanislao Bachrach, ofreció una profunda reflexión sobre su trayectoria profesional y los desafíos que enfrentan los adolescentes en la actualidad. Bachrach puso el foco en la necesidad imperiosa de aprender a manejar la frustración, una habilidad que considera fundamental para el desarrollo personal.

El neurocientífico compartió detalles de su propio camino hacia el autodescubrimiento, un proceso que, según él, no surge de forma espontánea, sino que requiere una búsqueda activa. «No creo que salga solo, uno tiene que proponérselo», afirmó, revelando que en su caso fue a través de la terapia, un camino «clásico porteño», como lo describió. Esta transición implica un cambio crucial: pasar del «pensar» al «sentir», lo que permite tomar decisiones con mayor conciencia y, en consecuencia, arrepentirse menos de las elecciones realizadas.

La evolución de Bachrach lo llevó desde el estricto ámbito de la biología molecular hacia una perspectiva más holística, integrando prácticas como la meditación y la respiración. Este giro, impulsado en gran parte por la cuarentena durante la pandemia, le permitió explorar científicamente la profunda conexión entre el cuerpo y la mente. Además, relató cómo una vivencia personal con dolor crónico le hizo comprender la diferencia entre «doler» y «sufrir», un discernimiento que transformó su vida y lo llevó a investigar cómo la meditación puede modificar la estructura y función cerebral, especialmente en áreas relacionadas con la atención.

Para Bachrach, las emociones no deberían clasificarse como buenas o malas, sino simplemente como parte inherente de la experiencia humana, incluyendo los estados que nos resultan displacenteros. En este sentido, enfatizó que la constancia y el esfuerzo son vitales para aprender a gestionar estas experiencias, cualidades que, a su entender, escasean en la vida adulta contemporánea. Respecto a los adolescentes, señaló la importancia de que comprendan que no siempre se obtiene todo lo que se desea de forma inmediata. Subrayó que el entorno familiar debe ser un espacio seguro donde puedan expresar y trabajar su frustración, sin temor a ser juzgados, lo que propicia un diálogo constructivo y un mejor manejo de sus emociones.

Fuente original: La Nación