Cuando el dolor de espalda aparece, la reacción más común es buscar el reposo absoluto y evitar cualquier tipo de movimiento. Sin embargo, esta estrategia, aunque instintiva, podría estar haciendo más daño que bien en la mayoría de los casos, según advierten los especialistas en salud y bienestar físico.
Expertos como José Ruiz, reconocido entrenador personal, explican que la columna vertebral y los músculos que la rodean requieren de movimiento constante y estímulos progresivos para mantenerse fuertes y funcionales. Un período prolongado de inactividad, lejos de aliviar las molestias, puede generar rigidez, debilitamiento muscular y una mayor sensación de vulnerabilidad en la zona afectada. Esto crea una paradoja: cuanto más se evita el movimiento por miedo al dolor, más vulnerable se vuelve la espalda.
El sedentarismo también juega un papel crucial en la aparición y persistencia del dolor lumbar. Pasar largas horas sentado contribuye a la rigidez de las caderas, debilita los glúteos y el abdomen –músculos clave para el soporte de la espalda– y puede llevar a una sobrecarga en la zona baja de la columna. El problema, remarca Ruiz, no suele ser una única «mala postura», sino la falta de diversidad en el movimiento y la inactividad muscular general.
La recomendación no es lanzarse a entrenamientos intensos, sino recuperar la confianza en el movimiento de forma gradual y controlada. Esto implica incorporar ejercicios de bajo impacto y adaptados a la condición de cada persona, siempre buscando fortalecer la musculatura de soporte y mejorar la conciencia corporal. Es fundamental recordar que cada caso de dolor de espalda es único y requiere un abordaje personalizado, ya que las causas pueden variar significativamente de una persona a otra.
Fuente original: La Gaceta




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