Una semana después de una devastadora inundación en el norte de Nepal, la región del Himalaya se encuentra sumida en una profunda tragedia. El colapso de un glaciar provocó un torrente de lodo y escombros que arrasó valles enteros, dejando un saldo provisorio de más de 939 víctimas fatales y cerca de 3.925 personas desaparecidas solo en Nepal, cifra que se eleva a 4.500 si se incluye la vecina región del Tíbet. Sin embargo, la mayor preocupación ahora se centra en el destino de más de 900 trabajadores que, según estimaciones, habrían quedado atrapados en túneles de proyectos hidroeléctricos.
Estos obreros, empleados en doce centrales hidroeléctricas en los distritos de Rasuwa y Nuwakot, no han podido ser localizados desde el desastre. Mientras algunos expertos sugieren que podrían tener acceso a oxígeno dentro de las gigantescas galerías, otros advierten que las chances de encontrar sobrevivientes disminuyen drásticamente con cada día que pasa. El ejército nepalí ya ha recuperado cuatro cuerpos más de los túneles, intensificando la angustia de las familias.
La operación de rescate es una carrera contra el tiempo y presenta enormes desafíos. Los equipos de emergencia se abren paso con explosivos y cuerdas para sortear los accesos bloqueados por toneladas de lodo y escombros. Algunos trabajadores lograron comunicarse pidiendo ayuda al inicio de la catástrofe, y otros que escaparon confirmaron que muchos de sus compañeros quedaron en el interior. En el Proyecto Hidroeléctrico Upper Trishuli-1, por ejemplo, se estima que alrededor de 300 personas están atrapadas en un solo túnel, mientras que en Trishuli-3 se intenta descender 15 metros para llegar a posibles sobrevivientes.
La magnitud de la catástrofe es inmensa. Además de los desaparecidos, más de 93.000 personas se vieron afectadas y miles de viviendas fueron destruidas o seriamente dañadas. Equipos de rescate de India, China y Corea del Sur colaboran en las extenuantes búsquedas. Los cuerpos no identificados son sepultados tras tomarse muestras de ADN para su futura identificación. Este evento sísmico, registrado con una magnitud de 5.2, puso de manifiesto la vulnerabilidad de la región ante los fenómenos naturales extremos, mientras la comunidad internacional observa con preocupación el desarrollo de esta tragedia.
Fuente original: Clarín




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