Alejandro Lerner estuvo como invitado en la mesa de Mirtha Legrand y, durante la conversación, se refirió al presente de la Argentina, a las crisis atravesadas durante las últimas décadas y a la necesidad de darle tiempo al gobierno de Javier Milei para llevar adelante su proyecto.
En ese contexto, el cantante recurrió a una metáfora para explicar su mirada sobre el país. Comparó a la Argentina con una mujer que había sido abusada.
La intención de Lerner fue plantear que el país necesita tiempo para recuperarse después de años de crisis y decisiones políticas que, según su perspectiva, lo perjudicaron.
Sin embargo, la comparación rápidamente puede generar una pregunta inevitable: ¿era necesario utilizar una situación de violencia sexual para explicar una crisis política y económica?
Cuando el abuso deja de ser una metáfora
La discusión excede, en este caso, la posición política de Lerner.
Se puede estar de acuerdo con la necesidad de darle tiempo al gobierno de Milei. Se puede responsabilizar a las gestiones anteriores por buena parte de los problemas económicos y sociales del país. También se puede sostener exactamente lo contrario.
Todo eso forma parte del debate democrático.
Pero la utilización del abuso sexual como recurso discursivo abre otra discusión: la de qué dolores estamos convirtiendo en metáforas para explicar problemas que, aunque graves, pertenecen a otro ámbito.
Porque una mujer abusada no es una imagen literaria.
No es una comparación ingeniosa.
No es un recurso para darle fuerza a una opinión política.
Es una mujer real.
Una mujer que puede tener miedo, que puede tardar años en poder hablar, que puede cargar con consecuencias psicológicas y físicas durante toda su vida y cuya experiencia no debería ser banalizada para construir una analogía.
“¿Por qué otra vez las mujeres?”
Y quizás allí aparece la pregunta más incómoda.
¿Por qué, cuando se busca representar a un país sometido, maltratado, destruido o abusado, otra vez aparece el cuerpo y la experiencia de una mujer como ejemplo?
En una sociedad atravesada por la violencia de género, las palabras también importan.
La violencia contra las mujeres no es una metáfora. Es una problemática concreta que afecta a miles de personas y que, en sus expresiones más extremas, termina en femicidios.
Por eso, una comparación de este tipo puede resultar especialmente sensible y abrir un debate que va más allá de las intenciones de quien la pronunció.
La discusión política puede esperar. La violencia no
El debate sobre cuánto tiempo necesita la Argentina para recuperarse es legítimo y necesario.
También lo es discutir las responsabilidades de los gobiernos anteriores, evaluar las medidas de la actual gestión y preguntarse qué país se quiere construir hacia adelante.
Pero hay algo que debería quedar fuera de esa disputa: la violencia sufrida por las mujeres como recurso retórico.
Argentina necesita tiempo, según la mirada de Lerner.
Pero las mujeres necesitamos algo mucho más elemental: que nuestras experiencias de violencia dejen de ser utilizadas como metáforas políticas.
Porque cuando hablamos de abuso, no estamos hablando de una comparación.
Estamos hablando de vidas reales.
Por Paula Buenvecino


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