Un reciente estudio llevado a cabo en Suecia por investigadores del Instituto Karolinska y la Universidad de Umeå, y publicado en JAMA Network Open, reveló que la participación activa en programas de detección temprana del cáncer colorrectal puede disminuir la mortalidad en más del 40%. Este hallazgo, que se basó en el seguimiento de más de 376.000 personas durante 14 años en la región de Estocolmo-Gotland, subraya la eficacia de estas iniciativas y la urgente necesidad de expandir su alcance. La enfermedad, que se posiciona como el tercer tipo de cáncer más común y el segundo más letal a nivel mundial, presenta un escenario preocupante ante el incremento de diagnósticos en personas menores de 50 años.
Lo que más inquieta a la comunidad médica es el constante aumento de casos de cáncer colorrectal en adultos jóvenes. Actualmente, un 45% de los nuevos diagnósticos se da en personas menores de 65 años, una cifra que contrasta fuertemente con el 27% registrado en 1995. Esta tendencia llevó a replantear las guías tradicionales de detección. De hecho, en Estados Unidos, la edad recomendada para iniciar los controles se redujo de 50 a 45 años en 2021. En Argentina, la campaña nacional «Hablemos del Cáncer de Colon» sugiere comenzar los chequeos a los 50 años para quienes no tienen factores de riesgo y a los 45 para aquellos que sí los presentan. Sin embargo, los especialistas alertan que los diagnósticos en menores de 45 ya venían en ascenso antes de estos cambios.
El estudio sueco se centró en personas de entre 60 y 74 años, a quienes se les entregaba un kit domiciliario cada dos años para detectar sangre oculta en heces. Si el resultado era positivo, se procedía a una colonoscopía. Este método, junto con el test inmunoquímico fecal cuantitativo (QFIT o FIT), que también se puede realizar en casa, son herramientas clave para identificar a quienes necesitan una colonoscopía, el método más conocido para detectar y remover pólipos. Factores como cambios en la dieta, el aumento de la obesidad, la vida sedentaria y la exposición a ciertos elementos ambientales son algunas de las hipótesis que se barajan para explicar el crecimiento de la enfermedad en poblaciones más jóvenes, aunque no hay un único responsable identificado.
Es fundamental recordar que el cáncer colorrectal puede no presentar síntomas en sus primeras etapas. Cuando aparecen, como sangrado rectal, cambios en los hábitos intestinales, dolor abdominal o pérdida de peso, en jóvenes suelen atribuirse erróneamente a otras causas, como hemorroides, lo que demora el diagnóstico. La prevención primaria se basa en una alimentación equilibrada, actividad física regular y evitar el tabaco y el alcohol. Ante cualquier señal de alarma o para realizar los chequeos preventivos según la edad y factores de riesgo, la consulta médica temprana es indispensable. Garantizar el acceso a la información y a las pruebas de detección es crucial para revertir el avance de esta enfermedad en nuestra sociedad.
Fuente original: Infobae


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