En un mundo hiperconectado y lleno de presiones, una antigua práctica resurge con fuerza, ofreciendo un oasis de calma y creatividad: la cerámica. Lo que alguna vez fue una técnica ancestral para la supervivencia, hoy se posiciona como una verdadera terapia para la mente y el espíritu, atrayendo a personas de todas las edades y ámbitos, desde el hermano de un ícono del rock nacional hasta reconocidas figuras públicas.
Un reciente estudio científico publicado en la revista The Arts in Psychotherapy destacó cómo el contacto con la arcilla, el material base de la cerámica, influye directamente en las ondas delta y theta del cerebro, asociadas con el sueño profundo y estados de relajación extrema. Según especialistas de Países Bajos y Croacia, moldear el barro activa neurotransmisores en las manos que impactan en aspectos físicos, psicológicos y cognitivos, mejorando la memoria, induciendo estados meditativos y regulando las emociones. No es solo una manualidad, es un camino hacia el bienestar.
Un testimonio elocuente de este fenómeno es el de Gustavo Spinetta, de 71 años, hermano del legendario Luis Alberto Spinetta. Gustavo, quien fuera baterista en algunos temas de «Artaud» y creció rodeado del rock en su casa de Belgrano, encontró en la cerámica una pasión que lo llevó a dejar la música. «La cerámica es algo liberador. Tenés que ponerle el cuerpo, la mente, una idea, y todo eso hace que te distraigas de otras cosas preocupantes. Por eso, para mucha gente es como una terapia», relató. Su camino con el barro, que comenzó en los años 80 por influencia de su cuñada Patricia Salazar, le permitió «hacer florecer cosas internas» y conectarse consigo mismo de una manera única.
El auge de los talleres de cerámica se disparó especialmente después de la pandemia, ofreciendo una vía para combatir la alienación de las pantallas. Esta tendencia no es exclusiva de artistas o terapeutas; figuras como la exgobernadora María Eugenia Vidal y estrellas internacionales como Brad Pitt y Serena Williams han compartido públicamente cómo el modelado de arcilla les sirvió para encontrar equilibrio, superar momentos difíciles o simplemente desconectar. Como bien lo resume Roxana Cohen Falah, ceramista con más de dos décadas de experiencia, «trabajar con barro produce un ensimismamiento, te obliga a irte hacia adentro, y eso inevitablemente da más calma, el tiempo pierde sentido». Es un recordatorio de que, a veces, el mejor remedio está en nuestras propias manos, moldeando la tierra.
Fuente original: Clarín



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