Milei emergió de su semana de recogimiento en Olivos recargado. Al salir a la intemperie, el Presidente recuperó sus modos más naturales. Los que le fluyen, ese estilo tan suyo que lo trajo hasta aquí y que da cuenta de su verdadera identidad.
¿Es o se hace?, preguntan los que quieren creer que la agresiva narrativa presidencial es solo una estrategia de comunicación, una herramienta para llevar adelante la batalla cultural.
Luego de un breve paso por la moderación, con un discurso leído en el aniversario sanmartiniano, el león libertario reapareció químicamente puro en el Council de las Américas .
El discurso duró algo más de una hora, durante la cual Javier Milei expuso ante empresarios e inversores su versión de la realidad económica en tono autocelebratorio. Fue crudo, por momentos brutal. Muchos se sintieron incómodos.
El titular de la UIA, Martín Rapallini, optó por perderse el momento. Se retiró, teléfono en mano, a tomar un café en el lobby del hotel. Un episodio que fue leído en clave política.
Milei salió con los tapones de punta. De arranque atacó a los economistas argentinos en general. Los acusó de exponer precariedad intelectual, pobreza analítica, ignorancia y mala intención. Dijo que tienen las herramientas oxidadas. En la arremetida cayeron también los periodistas. Lo de siempre.
Con un dejo catártico, se comparó con Moisés, quien —según él— sería cuestionado por los suyos en cualquier caso. Se presentó como víctima de ensañamiento y odio por “abstinencia de sobres”.
“No es inválido que me odien… hay cosas por las cuales yo también me odio a mí mismo”, sumó a la autorreferencialidad.
Milei ratificó el rumbo de la política económica . Se despachó ironizando sobre las demandas que se formulan desde el sector industrial. Dijo que “el desempleo no aumentó y que tampoco cayeron los salarios”.
“La foto es horrible, pero la película sigue siendo la mejor de la historia argentina”. Puede que sea la frase más piadosa y ponderada que se le escuchó en el encuentro.
“Está esa imbecilidad, un monumento a la ignorancia, que es esto del crecimiento en dos velocidades… La verdad es que es una precariedad intelectual grosera”, insistió.
La encendida defensa a Federico “El Coloso” Sturzenegger incluyó calificaciones escatológicas para quienes osan criticarlo .
El Presidente, que pidió anclar en los datos, traspuso, no obstante, un límite delicadísimo al despacharse una vez más con un tema que lo obsesiona.
“Esa pasión por asesinar niños en el vientre de la madre también nos cuesta caro en términos de crecimiento, y ni les cuento en términos de sistema previsional”, disparó de la nada al relacionar la caída de la tasa de natalidad con el crecimiento económico.
“Estamos pagando muy cara la locura de los pañuelitos verdes”, remató.
La tasa de natalidad viene cayendo de manera sostenida en Argentina desde 2014. En 2024 se contabilizaron 413.135 nacimientos vivos, frente a 777.000 en 2014. Eso es una caída del 47% en una década.
La tasa global de fecundidad tocó un piso histórico en 2024: 1,23 hijos por mujer, muy por debajo de la tasa de reemplazo de 2,1.
La dispersión regional de los datos estadísticos arroja una lectura de entre 1,2 y 1,4 hijos por mujer en promedio, con un alarmante 0,9 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el registro más bajo.
Fuente original: Infobae
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