Mercedes Sosa, un ícono de la música folclórica argentina y latinoamericana, guardaba una faceta poco conocida que su nieta, Araceli Matus, decidió compartir. Lejos del escenario y los aplausos, «La Negra» era una apasionada por la tecnología y, sorprendentemente, por los automóviles de lujo. Esta afición, que muchos desconocían, revelaba su carácter audaz y su incesante búsqueda de lo nuevo, incluso en los difíciles años de exilio.

Araceli Matus, también artista, relató una anécdota que pinta de cuerpo entero la personalidad de su abuela. Durante su exilio en Alemania, Mercedes Sosa ingresó a un concesionario BMW con una única e inusual condición antes de concretar la compra de un auto: «¿Me podría abrir el baúl?». Solo después de verificar que su amado bombo legüero cabía a la perfección, sacó un fajo de billetes, pagó en efectivo y cerró la operación, dejando atónitos a los vendedores.

La relación de Sosa con los vehículos no se limitaba a la utilidad. Si bien en su exilio en Madrid condujo un modesto Ford Fiesta, pronto lo cambió por un Peugeot 505, adelantándose a las tendencias de la época en España. Más tarde sumaría a su colección un Volvo S80 y un Audi A6. Para ella, cada adquisición representaba una combinación de admiración por la ingeniería y la necesidad de movilidad, pero también la convicción de que la tecnología debía estar al servicio de su arte y su libertad personal.

Su pasión la llevaba a gestos impulsivos: en una ocasión, durante un viaje por Santa Fe, bastó una mirada por la ventanilla para decidirse a comprar un auto en el acto. Pagaba el nuevo vehículo y continuaba su camino, dejando el viejo para recogerlo a la vuelta. Incluso, su nieta recordó una aventura en el Audi A6 por las autopistas cordobesas, donde alcanzó los 180 km/h. «El Audi es un auto que no tiene cordura», comentó Sosa sobre aquella experiencia que solo finalizó por un inesperado sacudón en la ruta.

La fuerza de su carácter se manifestaba no solo en los escenarios, sino también al volante. Araceli Matus contó que, mientras conducía por Buenos Aires, un hombre le gritó desde otro auto: «¡Eh, comunista, mirá el auto que tenés!». La respuesta de Sosa, rápida y sin rodeos, fue: «Sí, pelotudo, yo lo tengo y vos no».

Pero la relación de Mercedes Sosa con el avance tecnológico trascendía el automovilismo. Su nieta reveló que fue pionera en adoptar innovaciones para sus espectáculos: «Fue la primera en traer al país un escenario desmontable», aseguró. También implementó la iluminación Vari-Lite y exigía los mejores micrófonos inalámbricos, convencida de que «nada debía interponerse entre su voz y el público». A través de estos relatos, la figura de Mercedes Sosa se expande, revelando a una mujer que desafió prejuicios y vivió con la misma intensidad los escenarios y las rutas, siempre buscando lo mejor para su música y su vida cotidiana.

Fuente original: Infobae